El increíble incidente de los extraterrestres katamari

En este programa vamos a tratar uno de los incidentes de humanoides más desconcertantes de la historia, el caso Colcerasa, ocurrido en Italia, en 1954 en el que dos jóvenes se encontraron con tres seres de pequeña longitud.

Fuente: Alieni in Italia, Moreno Tambellini, Editorial Mediterranee

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La primera fotografía de un ser interdimensional de la historia

En este videoprograma analizaremos una toma realizada en 1991 en el complejo de cuevas del barranco de Badajoz, en Tenerife y estudiaremos una gran cantidad de casos de avistamientos de seres de color blanco que protagonizarían eventos de desdoblamiento del tiempo en la zona próxima a la famosa cueva de los Tayos. Seguiremos la pista del culto Vril de la Alemania de la Segunda Guerra Mundial en esa zona y expondremos el misterio de la búsqueda de la mítica ciudad de Shambala al final del gran conflicto del siglo XX en la mítica montaña de Untersberg. Esperamos que el programa sea de su agrado.

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Fotografía original: T.Bermejo

Los tres hombres que viajaron en el tiempo y cenaron…en 1930

Hoy en ufopolis tenemos un nuevo caso de desdoblamiento del tiempo ocurrido en marzo de 1959 con características similares a otros incidentes que hemos tratado en la web. El protagonista de esta historia se llama Bob Wetzel (seudónimo), un militar norteamericano destinado en la Base Aérea de Lowry en Denver, Colorado, que decidió realizar una excursión en coche a Worland. La esposa de Bob vivía allí y a sus dos amigos les venía bien el viaje para ver también a diferentes familiares. En el camino les esperaba otro de esos agujeros temporales que se presentan ante ti sin avisar…

Aquí tenemos a esos tres hombres en su camino conduciendo por las afueras de la ciudad de Cheyenne, cuando de pronto una tormenta de nieve comienza a dejarles sin visión de la carretera. Un poco extraño para ser primavera pero cosas más raras se han visto, piensan ellos.

Es algo repentino, un gran temporal con una espesa niebla. Inesperado a más no poder. No podían ver bien el camino hasta Chugwater, el siguiente pueblo, pero aún así siguieron conduciendo a baja velocidad jugándosela por el mal estado de la carretera. Podían seguir conduciendo. Pero no por mucho tiempo…

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La niebla, elemento que aparece en infinidad de casos de desdoblamiento del tiempo

Las condiciones climatológicas continuaron haciéndose más duras y cuando peor estaban las cosas los viajeros se sintieron aliviados cuando inesperadamente se encontraron con varios restaurantes en fila casi ocultos a un lado de la carretera. Les venía como caído del cielo. Quizá, literalmente…

Según declaraciones a la investigadora Debra Munn, quien se encargó de estudiar este caso, Bob comentó que pararon el coche en el parking del restaurante y entraron en el establecimiento bastante contentos por el hallazgo. Era ya la hora de cenar y tenían un buen lugar para guarecerse del tremendo vendaval de nieve que asolaba la zona. Al entrar se dieron cuenta de que estaba prácticamente vacío: solo tres clientes y las camareras: dos mujeres jóvenes vestidas con largos vestidos blancos con delantales blancos y negros esperaban en la puerta. Su atuendo sin duda era de lo más extraño pero no preguntaron. Pidieron unos filetes para cenar y algo de beber. Estaban hambrientos.

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La descripción del atuendo de las mujeres concuerda con la de la moda nippy… de los años 30

El lugar estaba limpio y aseado y las mujeres sirvieron los platos. Cuando los tres protagonistas terminaron de comer pidieron la cuenta y una de las mujeres se la trajo. Sorpresa. Solo 9 dolares por los tres menús, demasiado barato incluso para 1959. Estaban tan contentos que dejaron cinco billetes de un dólar de propina, algo que fue apreciado por las camareras que parecían no creerse que alguien pudiera darles tanto dinero.

«Deberías haber visto cómo se sorprendieron las camareras», comentó Bob a la investigadora.

«Me dieron las gracias, nos acompañaron hasta la puerta, y nos dijeron que debíamos tener cuidado, ya que todavía estaba nevando con tanta fuerza que apenas se podía ver.»

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El fenómeno se presenta ante los testigos de repente y transporta a personas a diferentes puntos del espacio y el tiempo

Los tres hombres se pusieron en marcha de nuevo y llegaron a la localidad de Worland sin ningún otro contratiempo. Cuando llegaron allí, los tres hombres se encontraron con Sharon, la esposa de Bob,  y con sus padres y les comentaron que habían tardado más de la cuenta porque habían comido en un bonito restaurante en el camino. Y bien barato, además. Los cuatro decidieron volver a Cheyenne parando en ese coqueto sitio que tan buen recuerdo les había dejado. Una sorpresa les esperaba…

En el camino de vuelta, el tiempo era mucho más claro y el sol brillaba con fuerza. Bob recordaba que habían venido bajando la colina desde Denver hacia el norte, y el restaurante era el tercer o el cuarto negocio en el lado izquierdo de una conocida calle.

«Pero esta vez no estaba allí.», Dijo Bob. «Ni siquiera había ningún edificio en el sitio. Estábamos buscando en un terreno yermo. No había nada cuando antes había toda una cadena de establecimientos».

Bob en ese momento no puede creer lo que ve y sus amigos tampoco. No daba tiempo a demoler todos los edificios en una noche y menos recoger los restos. Preguntándose qué demonios había pasado, Bob y uno de sus amigos se dirigieron a un cercano puesto de hamburguesas, donde el testigo entabló conversación con un señor de avanzada edad.

«Creo que su nombre era Charlie. Le dije que habíamos comido en un restaurante que ya no estaba allí».

El hombre parecía confundido, y entonces le dijo:

«Hijo, el lugar que usted describe se quemó hace años y años, y esto ha sido un solar sin uso desde entonces».

«Eso es imposible», respondió Bob. «Estábamos allí».

En este punto de la historia, el protagonista comenzó a describir las dos camareras que les habían servido pero éste le interrumpió.

«Hijo» -dijo el hombre de nuevo-, ese lugar se incendió y las dos mujeres que acaba usted de describirme perecieron en el incendio, pero eso fue hace ya mucho tiempo.»

Mirando hacia atrás, estudiando su increíble experiencia, Bob no llegó a recordar nada inusual en el restaurante excepto el bajo costo de la comida. Los alimentos y la bebida sin duda eran reales, se los habían comido de manera normal y las dos camareras no mostraron comportamientos anómalos. No había nada fantasmal en toda la vivencia de ninguno de los tres testigos.

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Los testigos establecieron comunicaciones normales con las camareras de los años 30… en 1959

Un incidente absolutamente fascinante que expone lo que podría ser un desdoblamiento del tiempo en el que, como veíamos en el caso de la limonada y los niños de Inglaterra, diferentes testigos parecen acceder a un punto del pasado en el que efectivamente sigue existiendo ese restaurante que aún no se ha quemado y de hecho los testigos interactúan con las personas de ese tiempo, comen perfectamente los alimentos de ese punto del pasado, hablan con las camareras y éstas les tratan como a tres viajantes de su época, cobrándoles lo que costarían tres menús en ese momento: solo 9 dólares.

Es muy interesante el hecho de que en este caso los testigos vivieran ese desdoblamiento del tiempo tras entrar en una impresionante tormenta de nieve y niebla. Esa niebla que una vez más precede a un episodio de rotura espacio-temporal que cogió a tres testigos, los situó unas décadas antes y al salir, los devolvió a su época de forma instantánea. 

Como comentario final, es fascinante estudiar estos casos en donde se produce transferencia de materia entre ambos tiempos. Los tres hombres supuestamente habrían degustado unos alimentos en los años 30 y al volver a su tiempo habrían estado digiriendo unos filetes cocinados hacía tres décadas…

Si os ha gustado esta entrada os recomendamos ver el siguiente vídeo en donde también hablamos de episodios de desdoblamiento del tiempo. Esperamos que el programa sea de su interés.

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Fuente: https://spacetimeslip.wordpress.com/2015/06/18/the-restaurant-from-the-past/

Los curiosos discos luminosos que se vieron en 1929 y 1991

En ufopolis queremos acercarnos hasta el fondo del tema ovni estudiando las descripciones de los casos en donde aparecen ovnis en la antigüedad. Estos extraños acompañantes que se ven en las culturas ancestrales de todo el mundo aparecen en su arte y parecería lógico encontrar las mismas muestras en tomas fotográficas de la época en la que se inventaron las primeras cámaras. Hoy vamos a hacer un pequeño homenaje a una de esas curiosas tomas perdidas en el tiempo que a día de hoy pertenecen a ese agujero negro sin explicación en donde lo extraño se da la mano con los sucesos forteanos y fortuitos. Veamos la original:

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Foto original: El ovni de Ward, Colorado de 1929

Una curiosa fotografía realizada cerca de un aserradero, cuyo origen es desconocido pero que ha sido considerada históricamente como una de las primeras escenas de ovnis del siglo XX. Destaca por su falta de parentesco con anomalías fotográficas de ese tiempo, con insectos o con posibles tipos de nube. Si analizamos por photoshop esta toma, nos encontramos una curiosa forma que poco tiene que ver con el reino animal y que se corresponde con un objeto ovoide, plano, lenticular, aparentemente simétrico y con una serie de ventanas.

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Ampliación y modelado con Photoshop

Se podría relacionar este tipo de objetos con diferentes muestras en la historia del fenómeno, como por ejemplo las monedas de Francia que conmemoran el avistamiento de 1680.

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Moneda datada de Francia de 1680 en donde se aprecia un posible ovni

Más curioso todavía es observar que a lo largo de la historia del fenómeno ha habido otro tipo de fotografías en donde aparecen objetos similares. Por ejemplo, tenemos en este caso una foto realizada en Atlixco, México, en donde la Policía Judicial de la localidad habría tenido la oportunidad de presenciar un extraño acontecimiento lumínico en el cielo similar a la toma de Colorado de 1929. En este caso, eso sí, no tenemos ninguna referencia del entorno, aunque bien es verdad que el set lo componen tres fotografías, algo raro en el fenómeno ovni, en donde apenas nunca da tiempo a enfocar en condiciones ni una sola vez.

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Atlixco, México, 1991. Primera toma.

La segunda toma también es muy sugerente y muestra prácticamente la misma forma que la que aparece en la foto de 1929.

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Atlixco, México, 1991. Segunda toma.

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Atlixco, México, 1991. Tercera toma.

Siempre bañado en la controversia, este tipo de pruebas jamás convencen al 100% al público, pero lo curioso es que si buceamos en la historia, este tipo de eventos se han venido repitiendo sin cesar desde hace siglos. Aparentes ruedas voladoras que aparecen de improviso sobre poblaciones, que toman tierra, que llegan a impresionar a diferentes personas con diferentes perfiles psicológicos que los contemplan, que tienen altísimas capacidades de mantenerse volando, flotando, huyendo de la física que conocemos. Quizá en algunos casos solo sean pareidolias, casualidades, simples curiosidades, pero quizá también haya ocasiones en donde el fenómeno se presenta de una forma determinada, con un aspecto, quizá un disfraz o una tecnología sugerente. Quizá aquella foto de 1929 solo representa la punta del iceberg de lo que podría ser una serie de avistamientos con los mismos objetos desde hace más de 1000 años. Desde la rueda del profeta Ezequiel al Libro de los Prodigios de la Antigua Roma. Si os ha gustado esta entrada, os invitamos a ver más ruedas voladoras y maravillas similares en estos dos vídeos que hicimos sobre la misma temática. Esperamos que sean de vuestro interés.

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El asombroso suceso de Alençon de 1790

Hoy en ufopolis vamos a estudiar un interesante caso…quizá de viajeros en el tiempo, quizá de extraterrestres ocurrido nada más y nada menos que en el siglo XVIII. Tenemos que imaginar a un sencillo cortesano del París de ese tiempo guardando en el archivo de la Academia de Ciencias de Francia un tesoro en forma de legajo. Lo guarda con esmero porque guarda una información rara que ha de perdurar. En ese legajo viene dibujada una escena que revolucionó la sociedad de aquel París de luces y sombras, que fue portada en los primigenios periódicos que ya comenzaban a aparecer en aquella sociedad y que fue el tema principal de conversación durante largo tiempo en las reuniones sociales de alto y bajo nivel.

Aquel papel antiguo se quedó perdido y olvidado hasta que un investigador llamado Antonio Fenoglio visitó el mencionado archivo en 1975 y se encontró con un fantástico relato de un ser aparecido dentro de una esfera transparente sobrevolando toda la ciudad. El propio Jacques Vallée, del que hemos hablado en no pocas ocasiones aquí cita este incidente como uno de los más interesantes retroufos de la historia, habida cuenta de que su descripción coincide con varios avistamientos similares ocurridos en el siglo XX. ¿Os apetece ver este nuevo caso?

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Esta es la recreación original encontrada en el caso.

Era junio de 1790 en París. Calor, carromatos, venta de fruta en la calle, nobles evitando a la plebe en sus cuidados jardines. Y en este entorno, un singular protagonista, el inspector de policía Liabeuf en la gendarmería sin dar crédito a las órdenes de sus superiores. Tenía que ir desde París hasta Alençon, cerca de Le Mans para hacer una investigación a fondo sobre lo que acababa de ocurrir allí. Las habladurías corrían de boca en boca y desde luego el incidente debió de ser importante. Las historias hablaban de un perturbador ser acechando desde los cielos desde una bola transparente. «Imposible, debe ser una broma»pensó Liabeuf, pero para allá tuvo que ir.

Llegó a la Plaza Mayor de la localidad y comenzó a preguntar aquí y allí, a todos los vecinos que pudiesen haberlo visto. Algunos de ellos aseguraban haberlo visto nítidamente. O todo el pueblo se había confabulado y se había vuelto loco de repente o algo de verdad había ocurrido allí. Comentarios sin contradicciones. Una esfera transparente. Un hombre en su interior. Miedo y perturbación. Gritos en toda la localidad cuando aquello pasó. Cierta histeria. Liabeuf no salía de su asombro. Apuntó todos los testimonios y elaboró de camino a París un informe que presentó en la Gendarmería y en la Academia de Ciencias y que es de lo más extraordinario que hemos podido estudiar.  El informe decía lo siguiente (textual):

«A las 5 de la mañana del 12 de junio de 1790, varios agricultores tomaron visión de un enorme cuerpo que parecía rodeado de llamas. Primero pensaron que podía ser un globo incendiado, pero la alta velocidad y el sonido silbante procedente del cuerpo les dejó intrigados. Los testigos hablaron de que el mundo de repente «se ralentizó» para ellos. El objeto hizo algunos cambios y se desplazó hacia la parte superior de una colina. Las plantas a su paso por la pendiente se desenterraban. El calor emanado por aquello era tan intenso que pronto la hierba y un pequeño árbol cercano comenzó a arder. Los campesinos de la zona lograron controlar el fuego, que amenazaba con extenderse por todo el lugar. 

Por la noche, el ambiente todavía era cálido y algo extraordinario sucedió. Los testigos eran dos alcaldes, un médico y otras tres autoridades que confirman mi informe, así como decenas de campesinos que estaban presentes. Esta bola de fuego, que era lo suficientemente grande como para contener un carro, seguía penosamente volando allí. Las gentes vinieron de todas partes para verlo. Entonces, de repente, una especie de puerta se abrió y lo interesante es que salió una persona, pero esta persona iba vestida de un modo extraño, con un traje apretado.  Viendo toda esa multitud que allí esperaba, dijo algunas palabras incomprensibles y huyó hacia el bosque. Instintivamente, los campesinos se retiraron con miedo, guardando el paso. Poco después, la pelota estalló en silencio y comenzó a lanzar piezas a todas partes, piezas que ardieron hasta que fueron reducidas a polvo. La investigación posterior se centró en buscar el paradero del misterioso hombre, pero éste pareció también haberse disuelto.

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El caso Galdar es similar en varios elementos al descrito en este incidente de Alençon de 1790.

Hasta aquí, el impresionante, por no decir otro adjetivo mejor, testimonio de este policía que sonó de esta forma (en francés) de la voz del Dr. Vallée cuando habló del enigma ovni en la sede de las Naciones Unidas, como una prueba más del fenómeno a lo largo de la historia de la humanidad.

Lo cierto es que a día de hoy se desconoce el paradero del mencionado informe. El investigador que lo descubrió, Fenoglio expuso que había desaparecido de los archivos a los pocos días de haber confeccionado su artículo sobre el caso. Quizá a alguien no le gustó que se indagara en estos retro-ufos. Quizá, de hecho las similaridades (ralentización del tiempo, calor por posible radiación, dificultades de vuelo, salida del humanoide e incluso explosión del objeto) son demasiadas si las comparamos con los modernos avistamientos, como el del caso Galdar, de Gran Canaria en 1976 o el de Premios Franco en 1951, en Milán, con seres similares aparentemente enfundados en un curioso mono muy pegado al cuerpo. Esto lo hemos visto en centenares de casos, si no miles.

El caso de premios franco, Italia, 1951 también expuso a un humanoide con la ropa ceñida

Fenoglio parece haber sido la única persona que ha visto el informe y según afirmo, según otras crónicas de la época habría más referencias a este caso. Al parecer, podría haber chocado aquel objeto directamente con el cielo, más que aterrizar, y habría intentado salir volando en repetidas ocasiones. Lo más curioso es que el gentío no se habría puesto en un solo lugar a contemplar aquel espectáculo. Habría rodeado literalmente todo el perímetro de aquel objeto con el deseo de que no se escapara, si se decidían a prenderlo. Habría sido impresionante que lo hubieran intentado, pero las crónicas observan que hacía demasiado calor para hacerlo. No era seguro. Todo el pueblo habría ido para allá.

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El mítico caso Galdar, similar al de Alençon, vino acompañado además de varias de las imágenes más impresionantes de la historia del fenómeno ovni.

El humanoide al parecer, no solo habría realizado un intento de comunicación con el gentío, si no que además habría hecho un gesto antes de huir. Muchos de los espectadores de tan increíble incidente, le habrían tratado de seguir sin éxito a la carrera, hasta que una extraña sensación de calor que emanó del objeto poco menos que les hizo echarse cuerpo a tierra o retirarse. El objeto «similar al cristal», es decir, transparente, estalló y al parecer se organizó una espectacular batida para cazar al intrigante sospechoso de aspecto inaudito. Nadie consiguió ni seguir el rastro ni volver a verlo. Para terminar de rematar todo este asombroso y clarísimo incidente de Alençon, resulta que el bueno del inspector Liabeud habría sugerido en su informe que aquel globo podría, (como lo oyen) «proceder de otro mundo». Un primigenio expediente X de 300 años. Y como todo buen expediente X, su ración de censura porque las autoridades de París habrían desestimado la teoría por ser una idea ridícula. A Fox Mulder, le pasaba igual…

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¿Quién sería aquel extraño visitante?

Hasta aquí la gran historia del humanoide, el posible ufo crash, el viajero en el tiempo, la esfera transparente, la emoción del pueblo, y las escenas costumbristas. Un suceso único en el mundo que nos devuelve a la época dorada de la ufología de los años 70 con sus cientos de casos similares alrededor del mundo y con su impresionante casuística siempre esperando a ser rescatada en lugares, como ésta, vuestra web. Si os ha gustado, podéis ver el caso de los humanoides con el casco de Daft Punk, que es muy similar al narrado en este artículo.

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El Springheel Jack, el demonio del Londres victoriano

Si existe el mito policial de Jack el destripador en Inglaterra, el personaje del que vamos a hablar hoy sería su alter ego en el mundo de lo paranormal. Hablábamos hace poco del bueno del Spring Legs de Dundee, Inglaterra de 1859 como el abuelo de los actuales avistamientos de humanoides, y hoy vamos a hablar del «otro abuelo» (no sabemos si por parte de padre o de madre), el misterioso Springheel Jack que sembró el pánico en la Inglaterra del siglo XIX, que nunca fue atrapado y que ha quedado en el inconsciente colectivo prácticamente como una leyenda urbana sin solución. Lo curioso es que los avistamientos de este aparentemente extraordinario ser van desde primavera de 1837 hasta 1904, abarcando casi 70 años. Vamos a conocer su historia:

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 Una de las primeras apariciones en la prensa del famoso ser.

El primer caso viene expuesto por un conocido hombre negocios londinense que volvía de trabajar tarde, en la fría noche de la capital del Támesis. Iba con frío, pero no le iba a durar mucho esa sensación, porque al pasar cerca de la reja de un cementerio cercano a su vivienda observó como de lo alto de ella descendió un ser bípedo, musculoso, con rasgos diabólicos, grandes orejas, nariz puntiaguda y ojos brillantes y saltones. A aquel buen hombre casi le da un patatús al verlo y salió corriendo como alma que lleva el diablo… ¿o debiéramos decir como alma que lleva el Springheel Jack?

Sea como fuere, en octubre de 1837, una muchacha llamada Mary Stevens viniendo de casa de sus padres y caminando por Clapham Common hacia su puesto de trabajo como sirvienta en un lugar llamado Lavender Hill observó una figura en la penumbra de un callejón oscuro que se abalanzó sobre ella. El ser se enganchó a ella tratando de agredirla sexualmente y la joven al zafarse comprobó con espanto cómo el ser tenía «garras frías y húmedas en lugar de manos». El asalto no terminó de salirle bien al bueno, mejor dicho, el malo de Springheel Jack que huyó al ponerse la chica a gritar cuando sus garras desgarraban la ropa. La búsqueda del asaltante fue infructuosa por parte de los vecinos pero no encontraron a nadie. ¿Cómo había escapado?

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 Las descripciones y los carteles de la época tenían un encanto especial.

Según cuentan las crónicas de la época, al día siguiente este ser habría sido visto saltando sobre un coche de caballos y provocando que el cochero perdiese el control. Este tipo de asaltos se repitió en numerosas ocasiones causando graves accidentes donde apareciera. Pero lo raro de todo esto es que todos y cada uno de los testimonios hablaban de horribles garras, de una cara diabólica y sobre todo de unos saltos imposibles de tres metros que utilizaba para huir de sus fechorías entre una risa aguda y desagradable. Para haberlo visto. De lejos, claro.

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 Descripción gráfica contemporánea del ser

Todo aquello de los accidentes era un problema de orden público muy serio. Si había algún loco con tecnología Steampunk que le encantaba asaltar carros,  un extraterrestre, un fantasma o el mismísimo diablo, daba igual, fuera lo que fuera había que atraparlo. El 9 de Enero de 1838, el Lord Mayor de Londres, Sir John Cowan en una sesión pública en la Mansion House dio oficialidad al tema tras un incidente en Peckam, un barrio en la parte sur de Londres. Se habló de que podría haber sido una apuesta de varios aristócratas que ya hacían de las suyas con actividades fuera de la ley protegidas por la masonería, pero nadie conseguía explicar ni los rasgos ni sobre todo los descomunales saltos.

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 Las descripciones siempre incluían una cara demoníaca

El diario The Times, poco dado a fruslerías publicó el 10 de Enero de aquel año 1838 que Sir Lord Cowan tenía en su poder decenas de cartas firmadas del puño y letra de muchos ciudadanos que habían sido víctimas del terror que aquel ser estaba creando en Londres. Había miedo en las calles y aquel miedo estaba trascendiendo las clases sociales. Se ofreció una cuantiosa recompensa para cogerle. Se le tenía ganas.

Pero aquello no paró. Dos adolescentes llamadas Lucy Scales y Jane Alsop fueron atacadas en 1838 por este ser y pudieron verle perfectamente según comentaron a la prensa. Jane afirmó que el 20 de Febrero de aquel año al abrir la puerta de su casa tras oír unos golpes vio a un hombre que dijo ser oficial de policía asegurando perseguir al ser del que todos hablaban y pidiéndole si podía traerle un fósforo para iluminar la calle. El policía en la penumbra no era visible, pero ella le hizo caso, se dio la vuelta y de repente el policía la atacó siguiendo la misma metodología que el famoso Springheel Jack y trató de rasgarla la ropa. Aquel ser del averno, fuera quien fuera, sabía hablar y no paraba de atacar personas. Salió huyendo dando de nuevo impresionantes saltos por los tejados cercanos.

«Llevaba una especie de casco, y un disfraz blanco ajustado con aspecto de hule. Su cara era espantosa y sus ojos como bolas de fuego. Tenía garras en las manos de algún material metálico, y vomitaba llamas azules y blancas» contó Jane Altop, testigo de un avistamiento del misterioso ser en 1838

A la otra chica, Lucy Scales no le fue mucho mejor.  El 28 de febrero volviendo a su casa tras visitar a sus padres en un barrio de clase alta llamado Limehouse, también tuvo un encuentro junto a un rincón de un paraje angosto en las calles de aquella Inglaterra fría y sucia. El ser, al parecer respiró fuego en su cara y huyó dejándola caer al suelo, presa del pánico. Huyó volando hacia un tejado cercano de forma increíble y de un solo salto.

Aquellas chicas venían de familias «bien», de clase acomodada y aquello fue comentado hasta la saciedad. La histeria colectiva comenzó a extenderse. A Springheel Jack le daba lo mismo cuanto dinero tuvieses, comentaba toda la ciudad. Aquello fue el «acabose» en una sociedad tan cerrada como la de aquel entonces.

The Times informó de nuevo de todo lo ocurrido y se arrestaron a varios delincuentes habituales para tratar de calmar los ánimos. Tuvieron que soltarlos ante la falta de pruebas. Jamás llegarían a cogerle.

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Anuncio de un penny dreadful sobre Spring Heeled Jack (1886).

El temor se convirtió con el tiempo, casi en fascinación. Sus andanzas eran representadas por teatrillos populares y aquello coincidió con una época en la que sus apariciones se hicieron más escasa. En Northamptonshire, un informe le describió como la mismísima imagen del diablo con cuernos, ojos y llamas y aunque seguía habiendo encuentros con él en alguna carretera perdida, todo pareció parar.

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 Springheel Jack, en una recreación actual

Esto fue así hasta 1872 en donde fue visto de nuevo en Peckam y en Sheffield, con incidentes que duraron hasta 1877. El barrio de Peckam volvía a un estado de conmoción como solo los más viejos conocían. Cuarenta años después, el ser saltarín había vuelto. A finales del siglo XIX, los avistamientos se concentraron en el oeste de Inglaterra, hasta que en 1904 se le vio por última vez sobre el tejado de la iglesia de San Francisco Javier en Everton, cerca del estadio de fútbol del equipo del mismo nombre, en Liverpool.

Humanoides saltarines han sido vistos en varias ocasiones, pero ninguno quizá con la descripción de este ser. Hubo otro incidente aislado el 18 de junio de 1953, en donde una figura parecida a algunas descripciones de Springheel Jack fue avistada en un edificio de apartamentos de Houston, en Texas.

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Toda Inglaterra esperaba que no volviera a aparecer jamás este curioso y desconcertante ser

¿Estamos hablando de un loco con una capacidad inaudita de saltar en 1838 y con una gran afición a atacar personas o estamos hablando de una entidad que suscita el miedo por sus características paranormales? Parece interesante observar desde la lejanía este tipo de hechos, casi más cercanos a la mitología de Lovecraft y las entidades malignas de las que hablaba acechando desde la oscuridad. Lovecraft, de hecho estuvo influenciado por varios de estos avistamientos y desarrolló la teoría de que coexistimos con este tipo de seres desde una realidad paralela en donde ellos nos miran. Esperemos que el Springheel Jack, si está ahí, se quede ahí.

¿Qué opináis de tan singular ser? ¿Leyenda urbana, incidente real, o realidad paralela al estilo Lovecraft? Os esperamos en los comentarios.

 

El fantástico Spring Legs, el abuelo de los humanoides

En ufopolis nos encantan las retro-historias de antaño, los retro-ufos y todo lo que tiene que ver con los humanoides y hoy os traemos una de esas historias que causaron pánico allende fueran escuchadas hará ahora 150 años. Viajamos en el tiempo al condado de Dundee, en Inglaterra. Allí en los anales de la historia encontramos unos extraños sucesos del que parecería ser el abuelo de los humanoides que hoy estudiamos en esta, vuestra web. Hablamos del Spring Legs, y sus siniestras aventuras y desventuras.

Las calles de Broughty Ferry mostraban la decadencia victoriana y la suciedad en las frías noches de invierno de aquella localidad industrial. Había miedo noche tras noche, pero los lugareños no temían a los asaltantes, a los policías, o a los ladrones de medio pelo debajo de los puentes. Temían la aparición de una supuesta criatura terrorífica cuyas descripciones eran de lo más irreverente. Andaba dando saltos y giraba en el aire a una velocidad increíble según contaban los testigos que lo habían visto.

Tanto fue el pánico que se disparó la venta de pistolas y escopetas entre la población, temerosas de las historias que se contaban en las calles de Broughty Ferry. Cada aparición venía acompañada de una supuesta hazaña en forma de saltos y gritos en el aire que el historiador Kerrin Evans ha ido recopilando de diferentes artículos de periódico en donde se narraban tan singulares encuentros.

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El Spring Legs en acción, perseguido por decenas de personas en un fresco del siglo XIX

La primera aparición en la prensa fue en Febrero de 1867, en las páginas de «The Courier and Argus». Un hombre de la localidad aseguró haber presenciado los saltos de un ser con aspecto «demoníaco en su cara» merodeando y saltando el tejado de su casa. El «spring legs» habría llegado a perseguirle por las calles e incluso habría llegado a hacerle defenderse de sus ataques. En el forcejeo llegó a quitarle parte de sus ropajes y habría visto a un ser que sangraría por la nariz, con un aspecto terrorífico. Tras huir, aquel hombre pudo regresar a su casa y seguir con su vida, pero no sin el miedo a volver a encontrarse con él.

Y es que no era para menos, el «spring legs» llegó a verse en numerosas ocasiones en los siguientes diez meses tras este primer avistamiento. Quizá el incidente más significativo lo protagonizó una familia del lado este de Broughty Ferry que habría asegurado haber visto a esta criatura ardiendo cerca de su casa, desconcertando primero y produciendo un miedo atroz despúes tanto a la sirviente de la casa como a los hijos de la familia.

El «spring legs» no mostraba emociones en cada una de sus andanzas y fue visto haciendo diferentes apariciones en medio de la calle, sin ningún tipo de temor y sin perder la serenidad y siempre a viandantes solos en medio de la noche. Cuatro días después del incidente con la familia del este, fue visto en James Place volviendo a saltar de forma espectacular y hablando una jerga que jamás pudo ser identificada por ningún testigo.

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Las apariciones de este ser con capacidad para saltar dejaron asombrados a muchos testigos

Tras esto, lo que tantas veces comienza a pasar en nuestras sociedades. Como si de Batman se tratara, comenzaron a aparecer imitadores, como en un caso de Seafield Road, en donde los lugareños, asustados atraparon al farsante y por poco no sale vivo de allí. Buena era la gracia que hacía el Spring Legs en aquella sociedad de pocas luces y muchas sombras.

Unos pocos días después, esta extraña criatura, o lo que fuera aquello, fue arrinconada por dos hombres con fusiles en los terrenos de East Free Church, en la localidad de Dundee. No iban a dejar que se escapara. Un carruaje entró en medio de la escena por casualidad y el bueno (o el malo) del Spring Legs volvió a huir saltando entre tejado y tejado ante espanto de los caballeros.

La locura llegó a la chavalería, que ideaba cada vez más curiosos y complejos sistemas de autodefensa ante las posibles apariciones del ser, aunque realmente no había muchos datos de violencia física en sus encuentros. Armados con palos y tirachinas, todos esperaban ser el primero en derribar a aquel esquivo ser saltarín que desafiaba las leyes de la gravedad ante los ojos de todos los que le habían visto. Pero tal como vino aquel mes de febrero de 1859, se marchó.

El Spring Legs dejó de aparecer en Febrero de 1872, 33 años después de su primera aparición. Pero quizá no se fue muy lejos, porque durante todo ese siglo también tenemos al Springheel Jack en Londres, otro ser de características similares que comenzó a hacer de las suyas en la city.

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Las descripciones del Spring Legs y el Springheel Jack son muy parecidas

¿Qué os ha parecido la historia? ¿Estamos ante el abuelo de los humanoides o ante un caso de un hombre deforme que se las apañaba de alguna manera para saltar más alto que nadie? Os esperamos en los comentarios de esta retro-historia y os emplazamos a dentro de dos días en donde hablaremos de nuestro amigo, el Springheel Jack, en otro reportaje sobre los abuelos de los humanoides, esos que tanto nos encantan.