Impresionantes imágenes de un ovni haciendo chemtrails

Vicente Fuentes analiza unas imágenes tomadas en Colorado, Estados Unidos en donde se aprecia perfectamente la presencia de un objeto volador no identificado con forma de anillo realizando una operación de salida de gases a la atmósfera terrestre. Analizaremos el comportamiento de este tipo de objetos y hablaremos sobre otros avistamientos de esferas que parecen acercarse a las estelas de condensación de los aviones en base a un posible interés de la supuesta inteligencia que estaría tras el fenómeno ovni por los gases emanados por diferentes aviones comerciales y militares. Un auténtico enigma el del programa de hoy. Esperamos que sea de su agrado.

 

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El asombroso vórtice espacio-tiempo de Hamburgo de 1932

Viajes en el tiempo, vórtices, momentos únicos en donde personas corrientes ven algo que no corresponde y que no encaja según su espacio y su tiempo, según el instante en el que estén en ese periodo de la historia. No sabemos definir a día de hoy qué es el tiempo, pero la ciencia expone que es más una dimensión que se solapa con la nuestra, en la que vivimos, en la que nos desarrollamos. Es una dimensión física pero no la vemos. El tiempo existe pero no podemos apreciarlo, se nos escapa de las manos, no podemos manipularlo. Y lo sorprendente es que esa dimensión tiene fallos.

Hoy en ufopolis vamos a estudiar un caso que data de 1932 y que fue escrito por los periodistas Ron Edwards, C. B. Colby, y John Macklin que desde luego no nos dejará indiferentes. Cogemos la máquina del tiempo (literalmente, podríamos decir) y viajamos a Hamburgo, Alemania. Allí tenemos al intrépido reportero J.Bernard Hutton y al fotógrafo Joachim Brandt en la redacción de un periódico local de Hamburgo hablando con su jefe. Les manda hacer un reportaje sobre los astilleros de la localidad, fotos y entrevistas, que se empapen bien del ambiente y que redacten alguna historia desconocida para el gran público. Y vaya si se empaparon bien, pero no de la manera en la que pensaban hacerlo…

Hutton y Brandt fueron para allá en el viejo coche de la editorial y llegaron al enorme complejo para entrevistarse con tres ejecutivos y otros tantos trabajadores con los que habían quedado para comentarles cómo era la vida en los astilleros. Estuvieron toda la mañana hablando, de acá para allá. Les enseñaron todo bien. Amables y atentos. Ya casi tenían el artículo. «Un par de fotos más», dijo Brandt. Y allí antes de irse bajaron a la zona de astilleros ya cuando casi todos los trabajadores se iban para casa.

Estaban solos allí y Brandt puso la cámara con el trípode, disparó un par de tomas y acto seguido comenzaron a oir el ruido de unos motores. Un poco raro. Se miraron extrañados. Motores, además de aviones. ¿Qué demonios estaba pasando, y qué aviones eran esos que se acercaban? Se preguntaron asustados, porque aquello sonaba a que venían directamente hacia allí a toda velocidad. No eran dos o tres, eran decenas de ellos y parecía un ataque aéreo. A los dos periodistas apenas les dio tiempo a reaccionar.

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Las escenas que presenciaron correspondían a un ataque coordinado.

Aquellos aviones comenzaron a disparar sobre la ciudad y empezaron a lanzar bombas. Se oían impresionantes ráfagas de baterías antiaéreas que derribaban a algunos de esos aviones mientras otros lanzaban bombas cuya explosión resonaba en el ambiente de manera impresionante. Era 1932 y no había ningún conflicto armado en Alemania aún. Las bombas estallaban por doquier ante los ojos de los impresionados hombres. El fotógrafo Brandt sacaba una fotografía tras otra de todo lo que veía. Se oían granadas, disparos silbando en el aire, edificios desplomándose por las cargas explosivas que lanzaban los aviones. El olor a quemado del ambiente era tan potente y la destrucción de la ciudad que tenían ante sí era tan evidente que tuvieron que refugiarse detrás del coche en un momento dado. Pensaban que iban a morir por una de las bombas.

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Fotografía de un ataque aéreo de Hamburgo...pero no de 1932...

Toda el área era en la película Apocalypse now pero en Alemania. Un infierno. Los aviones sabían donde dejar las bombas, en el complejo industrial, en los tanques de combustible, en los grandes edificios que colapsaban unos detrás de otros. Eso sí, se dieron cuenta que ellos no podían sentir vibraciones en el suelo. Ese detalle era extrañísimo. Se fijaron en ese detalle y se dieron cuenta de que casi estaban viendo una película, podríamos decir, en tres dimensiones y holográfica delante de ellos. Con ese detalle de la falta de vibración reaccionaron, se metieron en el coche y corrieron raudos y veloces hacia las baterías antiaéreas que veían disparar hacia los bombarderos. No quedaban muy lejos y, sorprendidos, se encontraron a un hombre en la garita que les pidió que abandonaran el área inmediatamente. Los dos periodistas le dijeron que querían ayudar pero el guardia, con aquel uniforme extraño que jamás habían visto, les pidió no muy amablemente que se largaran de allí. Eso hicieron.

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La visión de Hamburgo destruido les dejó boquiabiertos

Confundidos, Hutton y Brandt condujeron hasta Hamburgo de nuevo. El cielo se había tornado oscuro durante el ataque pero ahora estaba claro y sereno. En un segundo cambió todo. Las calles no tenían cráteres y los edificios seguían intactos. Nadie parecía haberse visto afectado por el ataque. De hecho, no había un solo signo del horror que habían presenciado en la ciudad. Era imposible porque lo acababan de ver hacía un momento. Giraron su vista y sobre el astillero no había columnas de humo negro de las baterías antiaéreas. Fueron de nuevo hacia allí y conforme iban viendo la ciudad detrás de ellos tampoco había columnas de humo de las explosiones que acababan de ver. Una auténtica locura. ¿Qué estaba pasando?

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Toda la ciudad de Hamburgo quedó arrasada...

Cogieron de nuevo y se fueron a toda velocidad a la redacción donde comentaron su vivencia a todos sus superiores, que no dudaron de su palabra pero que evidentemente no entendían porqué sus dos mejores periodistas venían con una historia así. Brandt estaba más nervioso que Hutton. Él quería revelar los negativos y dejarse de explicaciones;  acababa de hacer decenas de fotos de un brutal ataque aéreo a la ciudad y quería enseñar las tomas a todo el mundo para demostrar que aquello era verdad. Las fotografías salieron veladas pero solo alguna de ellas mostraban la ciudad de Hamburgo y los cielos. Sin aviones, sin bombas, sin humo. Fue como si solamente ellos pudiesen haberlo visto. Los dos periodistas juraron y perjuraron que lo que les había pasado era real, arriesgaron sus trabajos si era necesario en pos de proteger su honor y la cosa quedó ahí, como siempre, en el baúl de los recuerdos de lo bizarro que de vez en cuando abrimos en ufopolis porque nadie más lo abre.

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Ni rastro de los bombardeos tras salir de aquel extraño túnel del tiempo.

¿Cómo termina la historia? Justo después de comenzar la Segunda Guerra Mundial, Bernard Hutton, el intrépido reportero de esta aventura se mudó a Londres. En 1943 se levantó una mañana y de camino al trabajo se compró un periódico en donde se enteró del bombardeo a su ciudad natal Hamburgo. Pasado el impacto lógico, comenzó a estudiar las crónicas y las fotografías. Eran exactamente las mismas escenas, los mismos ataques y los mismos aviones que él había presenciado 11 años antes. La escena de destrucción ya la conocía. Sabía qué edificios seguían en pie y cuales no. Lo sabía porque ya había estado allí.

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Los periodistas identificaron las fotos de 1943 con lo que les ocurrió en 1932. Murieron 40.000 personas.

Un caso curioso y fascinante que nos hace pensar en lo que hablábamos sobre los vórtices en la tierra que se crean por las anomalías magnéticas entre nuestro planeta y el sol. ¿Y si aquellos dos hombres se encontraron en medio de una de estas anomalías? ¿Por qué esa escena del ataque y no otra, digamos en el año 2092?

El patrón podría ser el propio tejido espacio-tiempo, la rasgadura que se produciría en la realidad ante los dramas, los ataques, la guerra. Algo tan duro y tan fuerte que marca un lugar y que condiciona que si hay una anomalía, ese es el momento que se recreará por siempre.

Si os ha gustado este incidente de vórtices, podéis ver también el caso del monitor del bebé o el incidente del coche de los años 40 que publicábamos hace poco. Nos quedamos con esas fotografías que salieron veladas, quizá porque era una experiencia que pudo afectar a la propia tecnología de la cámara y también nos quedamos con la cara de pocos amigos del guardia de seguridad, nazi él, quizá sorprendido de que dos periodistas vinieran a echar una mano en medio de una guerra.  ¿Cómo os habríais sentido vosotros si os hubiera pasado? ¿Qué opináis sobre estos vórtices? Os esperamos en los comentarios y os dejamos con el vídeo que realizamos sobre el avión que perdió 17 minutos en una nube con una anomalía espacio-tiempo.

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El vórtice espacio-tiempo del coche de los años 40

Hoy en ufopolis vamos a estudiar uno de esos casos de anomalías temporales que tanto nos gustan y que fue publicado por primera vez en la revista Strange Magazine en la primavera de 1988 por Jen Meaus. El protagonista de esta historia es un hombre que se hace llamar L.C. (correspondiente a sus iniciales reales) que experimentó una de los eventos más extraños que se recuerdan en la casuística de vórtices temporales. Si nos pasara a nosotros lo que le ocurrió a él, desde luego sería un momento único en nuestra vida. Vamos a conocer su fabuloso relato.

El bueno de L.C era un hombre de negocios de Southwest, Louisiana y acababa de salir de Abbeville junto a su socio comercial, un hombre llamado Charlie. Andaban discutiendo cosas sobre su trabajo mientras se dirigían con su coche por la carretera 167 cercana a la localidad de Lafayette. Era un día como cualquier otro, un 20 de octubre de 1969. La hora: la una y media de la tarde. Sol y buen tiempo, ventanillas bajadas y el aroma del césped de los campos aledaños en el ambiente. Nada extraño, todo normal, eso sí, ni un solo coche en todo el camino, algo bastante raro porque solía ser una carretera bastante transitada aunque fuese comarcal.

turtleCoche de los años 40 con la parte posterior con forma de tortuga, como se decía antaño.

L.C. iba comentando sus impresiones de un próximo trato con Charlie cuando de repente vieron a lo lejos un vehículo antiguo, muy antiguo que transitaba a paso de tortuga. Pensaron que se trataría de un coche de exposición, similares a los que se exponen en los museos y decidieron rebasarlo y aminorar la marcha para verlo bien. No te encuentras algo así todos los días. Aquel coche parecía estar nuevo, casi salido de la tienda y pensaron que acababa de ser restaurado. Pero algo no encajaba. La matrícula tenía una licencia original que no correspondía con las del año 69. Era muy anterior a aquella época y por tanto, y según las leyes de ese estado, tenía una identificación no apta para transitar. Había una cifra en aquella matrícula: 1940. Estaba reluciente, como recién salida de fábrica.

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El punto de la carretera 167 en donde ocurrió el incidente.

Bueno, pensaron, todos tranquilos, una exposición con las piezas originales. Pues qué bien. Vamos a verlo igualmente. El problema fue que cuando se pusieron a su misma altura observaron a una mujer con un vestido propio de 1940, con una niña en el asiento de atrás con el aspecto que tenían los críos hacía 30 años, en los años 40. Asombrados, observaron cómo además llevaban las ventanillas totalmente subidas. Iban además, demasiado abrigadas. No tenía sentido, pero lo que más les impactó de todo fue que la mujer se puso a gritar como si jamás hubiese visto un coche de ese tipo y unos hombres con tal aspecto. Su mueca de terror les produjo una sensación increíble de desasosiego. Estaba llorando aquella mujer del susto, mientras la cría miraba por la ventanilla con cara de espanto.

Nadie se cruzó con ellos durante todo el incidente, nada cambió aparentemente en el ambiente. Y L.C. y Charlie comenzaron a intentar comunicarse con la mujer para ver si necesitaba ayuda, habida cuenta de su soponcio y su impresión. Le intentaron hacer gestos de mil maneras para que se echara a la carretera en pleno ataque de pánico de aquella buena señora, que no oía bien, pero que no bajaba tampoco la ventanilla. Harto extraño todo hasta decir basta.

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El fenómeno incluyó a cuatro personas y dos coches de épocas distintas.

Finalmente la señora parece que entendió lo que le estaban diciendo y comenzó a echarse a un lado del arcén. L.C. y Charlie adelantaron el coche de época e hicieron lo propio. Detuvieron el vehículo y al mirar para atrás la mujer, la niña, el soponcio y el coche de época se habían esfumado. Literalmente.

Aquello era imposible y los dos protagonistas no salían de su asombro. No podía ser, pero acababa de ocurrir. Una desmaterialización extrema. Sin rastro de ellas en ningún camino. No había ningún sendero perpendicular a la calzada, era todo campo. Hubieran oído el sonido del motor. Aún en estado de shock, de repente apareció otro vehículo que iba detrás del coche de época y que había presenciado la escena a lo lejos sin que nadie se diera cuenta.

Aquel coche les adelanta, aparca y sale un hombre totalmente desbocado a toda velocidad hacia ellos pidiendo explicaciones sobre cómo se había desvanecido un coche de época delante de él. No habían sido los únicos. Ese otro testigo confirmaba lo que había pasado.

Medio locos, se bajaron del coche tanto L.C. como Charlie y deambularon por la zona junto al tercer conductor durante una hora. Habría que haberlos visto, casi con una interrogación sobre sus cabezas en plan cómic. Pensaron en llamar a la policía pero estaba claro que nadie podría ayudarles ante algo así. Era una desaparición absolutamente extrema. Se intercambiaron los teléfonos y siguieron en contacto durante años hablando de lo que había pasado en decenas de conversaciones, siempre confirmando punto por punto lo que uno y otro vieron desde diferente perspectiva.

Lo asombroso del caso viene del análisis del mismo. Podría haber sido un coche de época en una exposición, pero su mueca de terror, su asombro, lo raro de no bajar la ventanilla (como si para la mujer hiciera mucho frío y fuera una locura hacerlo), su vestimenta abrigada y de época y por supuesto, su desaparición súbita nos hacen pensar que quizá ambos coches hubieran coincidido en distintas épocas con un vórtice espacio-temporal en donde hubieran interaccionado. Quizá para la mujer, aquel modernísimo coche también desapareció delante suya. Eso sí, no se lo dijo a nadie, quizá por miedo a que la tomasen por loca. Pero L.C. y Charlie sí lo hicieron.

 

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Hay personas en el mundo que protagonizan incidentes dignos de la mítica retro-serie «El túnel del tiempo», -que por cierto recomendamos-.

¿Una anomalía en matrix? ¿Un vórtice espacio-temporal totalmente fuera de control? ¿Volvería aquella mujer a su tiempo o a un universo paralelo que no era realmente el suyo? Habida cuenta de que en la carretera no se registraron desapariciones de personas en los años 40, es posible que aquella mujer y aquella niña no saltaran a otro universo y volvieran al del origen. ¿Pero por qué ellas y por qué desaparecieron de repente, por qué la experiencia duró tan poco tiempo? Un caso curioso e intrigante como pocos que se enmarca en los incidentes de vórtices temporales que estudiamos en ufopolis desde hace algún tiempo y que nos encantan. Si os ha gustado este artículo podéis ver el especial que hicimos sobre túneles del tiempo descubiertos por los gobiernos, que es un tema apasionante.

¿Qué os ha parecido la historia y qué haríais vosotros si os pasara a día de hoy? Os esperamos en los comentarios y os dejamos con el vídeo que hicimos sobre los vórtices que se crean debido a la anomalía X entre el sol y la tierra.

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