El ovni al que le gustaba el hula hula

En ocasiones nos encontramos en la investigación de los retro-ufos algunos casos que tienen una gracia particular. No son las mejores fotos que vamos a encontrar del fenómeno, y quizá (y como siempre pasa) dejen más dudas que respuestas, pero el caso de esta espectacular fotografía destaca por las curiosas circunstancias que se produjeron para que hoy ustedes estén viéndola.

Fue tomada en abril de 1974 por un fotógrafo independiente japonés llamado Tsutomu Nakayama, un hombre de mundo, acostumbrado a viajar allende los mares para tratar de buscar momento, lugares e historias interesantes. El día 25 de aquel mes, a las 10:30 de la mañana, este hombre se encontraba en Hawai disfrutando de un espectáculo de danza tradicional hawaiana en el parque nacional Kapiolari, al este de Honolulú, la capital. El famoso «hula hula» que tantas veces hemos visto en televisión merecía una foto. Pero aquella foto escondía un pequeño gazapo en forma de objeto volador no identificado flotando en el ambiente que no pudo ser divisado en el momento de la toma de las fotografías. La velocidad de aquel objeto debió ser espectacular porque de las tres capturas, solo apareció en una.

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La toma original

Pero Nakayama no se enteró de nada. El seguía obnubilado con el baile de aquellas bailarinas y no vio nada en los cielos. Al llegar a Tokio se pasó por los laboratorios de la casa Kodak y cuando le entregaron las fotos se quedó boquiabierto porque el dependiente le señaló algo que no encajaba en las imágenes. Podría no haber salido pero ahí estaba aquello. Justo en el momento idóneo en el lugar idóneo. ¿Pero qué era? ¿Un bicho en la lente? Intrigado, Nakayama fue a hablar con el mayor Vonkevizki del Ejército Norteamericano, quien analizó el documento y sacó unas conclusiones más que interesantes. Según Nakayama, aquella toma había sido hecha a 1/250 de segundo y con una abertura de diafragma de 8. Utilizó una cámara Hasselblad 500 c., con un objetivo Planar de 80 mm (2.8 f.) y película Ektachrome 120.

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Ampliación del impresionante objeto

Se determinó que el revelado había sido excelente, pero no solo eso. Vonkevizki descartó también que pudiera haber sido un reflejo óptico y analizó la luz del sol de la toma que venía de la parte derecha, lo cual concuerda con el reflejo que muestra el objeto. Se excluyeron daños en la lente, la cámara, el papel fotográfico y los químicos utilizados y no había señal de una mala emulsión en la toma final.

También se analizó el cuerpo del objeto, sin la estructura de cabeza, tórax y abdomen de cualquier insecto, ni estructuras de propulsión a chorro, alas, hélices o timón de cola en lo que se veía. No era un lugar de pruebas militares y no se lanzó ningún tipo de globo meteorológico a la atmósfera en todo aquel mes. El objeto se veía sólido, tridimensional, con volumen, con una especie de cúpula iluminada y un apéndice en la parte inferior y medía unos 10-12 metros de diámetro.

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Renderizado de la cúpula iluminada por el sol.

Pero lo más increíble es que si la exposición fotográfica era de 1/250 de segundo, la velocidad tenía que haber sido de 400 metros por segundo, lo que es lo mismo 1440 km/h. Ahí es nada. Ningún aparato a día de hoy sin componentes aerodinámicos alcanzaría tal velocidad, lo que nos deja bastantes preguntas sobre el origen del mismo. ¿Sería posible que ese objeto se hubiera «colado» en la foto intencionadamente o solo fue una casualidad? ¿Estamos ante una materialización prácticamente simultánea utilizando una especie de agujero de gusano?

Lo que está claro, es que es una de las fotos con más solera de la historia del fenómeno y tenía que estar en nuestro pequeño museo de las investigaciones de retro-ufos que hacemos en esta, vuestra web. ¿Qué opináis? ¿Creéis que es una buena muestra de lo que es el fenómeno ovni? ¿Conocéis alguna toma asÍ? Os esperamos en los comentarios.

¿Sobrevuelan las ciudades los ovnis invisibles?

En ufopolis en ocasiones hemos tratado el tema de los ovnis invisibles, figuras que aparecen en las fotografías y los vídeos de diferentes personas en el mundo cuando en el momento de hacer la foto, los que la realizan no observan absolutamente nada en el cielo. Diferentes teorías se han realizado al respecto en el campo de la investigación del fenómeno, siendo una de las más aceptadas la posibilidad de que la cámara consiga captar una escena de la realidad en un espectro visible al que no llega el ojo humano, posiblemente en el Infrarrojo. Este es un esquema de lo que nosotros podemos ver:

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Estudio del espectro de luz que vemos los humanos

Hasta los 400 y a partir de los 700 nanómetros (nm) podemos entender que existen cosas que no vemos, o al menos, cosas a las que el reflejo de la luz no estamos acostumbrados a ver. Existen casos absolutamente espectaculares de este tipo de visiones fotográficas, pero una de las más espectaculares es sin duda el que ocurrió a mediados del mes de Abril de 1970 en la bahía de Urca, Rio de Janeiro, en Brasil. El protagonista de esta historia se llama Eduardo Stokert, un fotógrafo aficionado que decidió montar su cámara fotográfica en la bahía para captar una toma panorámica de su ciudad. Las condiciones eran idóneas, a la luz de la luna, con las aguas tranquilas. Le dio tiempo a realizar las fotografías variando la apertura de su diafragma y las velocidades de exposición. Quería una foto lo más precisa posible, pero se encontró con lo imposible al revelarla.

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Primeras fotografías mostrando la luz de la luna (izquierda) y la luz de la luna con el reflejo de los objetos (derecha)

Resulta que solo seis de los doce negativos habían podido emulsionar correctamente con el líquido fotográfico. Su película Kodak Plus Pan de 20 exposiciones estaba en perfecto estado y no había manera de que aquella reacción química funcionase. De las seis que sí lo hicieron, dos de ellas (las número 11 y 12 presentaban cuatro trazos paralelos de luz que no habían sido visibles en el momento de lanzar las fotografías. Podría ser un defecto óptico, pensó Stokert, pero se quedó de piedra al ver que efectivamente esas luces estaban ahí y que de hecho reflejaban su luz en las aguas de la bahía. Un reflejo, una doble exposición jamás habría creado ese efecto.

Stokert realizó aquellas fotografías con varios amigos y familiares y por supuesto, ninguno de ellos pudo observar ningún objeto tal y como aparecía en las míticas fotos. Diferentes investigadores europeos y americanos analizaron el caso y llegaron a la increíble conclusión de que había habido algo que había volado en formación frente a ellos de manera invisible. Estaban ante un momento único en la historia de la ufología…sin ellos quererlo.

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Las tomas de Stockert mostrando el camino recorrido por un mínimo de cuatro ovnis sobre Rio de Janeiro, Brasil

La velocidad de exposición para las dos fotografías fue de 20 segundos, y de hecho se llegó a determinar que aquello se movía a mayor velocidad en la primera toma de las imágenes porque los trazos son más largos. La velocidad estimada fue de 13 km/h, es decir un lento paseo por la bahía de forma secreta.

Es interesante observar cómo las luces de la luna y la ciudad sí permanecen estables y fijas en ambas fotos, mientras que los objetos aparecen en diferentes posiciones, denotando movimiento. Un caso sensacional que expone una vez más el enigma de los no identificados desde un punto de vista algo perturbador: ¿y si esto se repitiese continuamente en las ciudades de todos los países de la tierra? 

Les dejamos con el vídeo que realizamos sobre un avistamiento ovni de similares características en Ubatuba, también en Brasil.

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