El Hombre de Negro que quería ver a una mujer… sin ropa

Hoy vamos a ver uno de esos casos incréibles en donde vemos a dos de estos personajes increpando a una pareja normal y corriente y comportándose de manera extrañísima. Es el caso de John y Maureen Hopkins, ocurrido en 1976, solo dos días después del incidente de Herbert Hopkins, padre de John, en Maine, Estados Unidos. A día de hoy, continua sin explicación.

Espero que sea de vuestro agrado

Los extraterrestres que se disfrazaban de hombres de negro

Vicente Fuentes narra tres insólitos encuentros con los famosos hombres de negro en el marco de lo que podrían ser intervenciones de posibles infiltrados extraterrestres en la tierra.

Hablaremos del caso de Herbert Hopkins, el de Robert Richardson y el Helen Sullivan, incidentes de lo más extraño dentro de la casuística de seres de este tipo. Esperamos que sea de su agrado.

Ufopolis.com 2016

 

 

Encuentros con los hombres de negro – El caso de Herbert Hopkins

La siniestra figura de los hombres de negro viene siendo relacionada con el fenómeno OVNI desde los años 50. Estos misteriosos hombres se presentan ante los testigos de un incidente OVNI o ante investigadores que parecen haber ido demasiado lejos y les instan a guardar silencio de forma intimidante.

Los encuentros de los que tenemos constancia parecen, a priori, ser una pequeña muestra de la vasta cantidad de visitas que deben efectuar ya que, en muchas ocasiones, estos agentes se presentan ante los testigos en un período de tiempo muy corto después del avistamiento. Se han dado incluso situaciones en las que intervienen casi simultáneamente con el evento no dando pie a los sorprendidos testigos a comprender la situación ni mucho menos a transmitir a nadie su experiencia antes de su visita.

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Por otro lado, estos hombres de negro, que no suelen identificarse ni portan sobre ellos símbolos o insignias de ningún tipo, parecen conocer hasta el más ínfimo detalle de la vida de aquellos a los que deciden visitar, dando a entender que tienen acceso a cualquier fuente de información, tanto pública como privada y normalmente aparecen cuando esa persona, objeto de su atención, se encuentra sola.

Representando el estereotipo iconográfico de agentes de un servicio secreto, los misteriosos agentes son en la mayoría de las ocasiones confundidos con ellos y, con una apariencia inmaculada, siempre aparecen vistiendo traje, chaqueta, zapatos, corbata y sombrero de color negro, todas las prendas impolutas y perfectamente planchadas. De hecho, varios testigos coinciden en apuntar que las prendas que visten parecen recién compradas.

Manifiestan un carácter muy rígido en sus conversaciones, autoritario, frío e intimidante. Sin expresión en sus facciones y sin emoción en sus palabras.

Aunque ciertos detalles varían dependiendo del encuentro, el patrón común en la descripción de los hombres de negro parece ser el anteriormente expuesto.

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El caso que se presenta a continuación, relatado por Herbert Hopkins, resulta perfecto para exponer un ejemplo del típico encuentro con un hombre de negro.

El Sr. Hopkins es un reputado doctor que a la edad de 58 años se encuentra realizando la labor de consultor para un caso en el que un OVNI había tenido relación con un evento de teletransportación en suelo estadounidense durante el año 1976.

Una tarde que se encuentra solo en su domicilio recibe una llamada telefónica de un sujeto que se identifica como el director de la Asociación para la Investigación Ufológica de Nueva Jersey (organización que más tarde se comprobaría inexistente), quien le solicita un encuentro en persona en el que poder discutir los detalles de la investigación en la que el Dr. Hopkins participa. Éste no lo duda un momento y le da a su interlocutor una respuesta afirmativa. Tras colgar, el doctor sale al porche de su vivienda con la intención de dejar la luz encendida para su repentina visita, sin embargo se importuna al descubrir que un hombre ya estaba subiendo los pequeños escalones de su porche. No hay ningún coche aparcado en los alrededores que justifique la rápida respuesta de su invitado y, en una época en la que todavía no han aparecido los teléfonos móviles, tampoco hay ninguna cabina telefónica en las cercanías que haya permitido al visitante personarse casi instantáneamente en la vivienda del doctor justo instantes después de haber realizado la llamada telefónica.

Haciendo caso omiso a su sentido común el doctor invita al extraño a entrar en su casa aunque se percata de la singular reacción de su perro que no deja de ladrar nervioso al desconocido hasta que huye a esconderse en un armario.

El sujeto viste de forma apropiada para un hombre de negro: completamente del representativo color a excepción de la camisa, que contrasta en color blanco y los guantes de ante gris. Al entrar se quita el sombrero dejando al Dr. Hopkins apreciar su completa falta de pelo en cabeza y cejas y su tez de un pálido enfermizo.

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Un detalle que llama poderosamente la atención del extrañado doctor es que los labios de su desconocido interlocutor son de color rojo brillante. Mientras conversan, el hombre de negro roza, en un ademán de la mano, uno de los guantes contra los labios y el doctor puede apreciar perfectamente como el pigmento de la cara se queda en la tela gris que le cubre una de las manos. Se revela así la carencia de labios de este sujeto en una boca que casi parece simplemente una línea perfilada.

Cuando Hopkins termina de poner al extraño sujeto al día en los detalles del evento del estudio que les ocupa, éste le indica al doctor que posee dos monedas dentro de uno de sus bolsillos. Hopkins se sorprende en gran medida ante la exactitud de la afirmación y a continuación se le solicita que muestre una de ellas. El doctor, obediente, le muestra a su invitado un penique sosteniéndolo en la palma de la mano. Sin tocarla, el visitante le indica que mire fijamente la moneda y, mientras lo hace, ésta resplandece unos momentos para desenfocarse de su visión y comenzar a desvanecerse en su propia mano, poco a poco, hasta desaparecer por completo.

Ante la sorpresa de su anfitrión, que no puede creer lo que acaba de ver, el extraño invitado afirma que ‘’esa moneda no volverá a ser vista jamás en este plano’’. A continuación le da a entender al doctor que ha de destruir cualquier información relacionada con el objeto de su estudio y cuyos detalles habían estado discutiendo escasos momentos antes.

El doctor está intrigado por el suceso que está viviendo y que raya casi en lo absurdo. Mientras el desconocido habla se hacen cada vez más evidentes unos inusuales cambios en la intensidad y la entonación de las oraciones, realizando picos exagerados en extremos opuestos hasta que el hombre vestido de negro pronuncia la siguiente frase: ‘’Mi energía se agota, debo irme, adiós’’.

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Tras esto se dispone a marcharse bajando las escaleras del porche de forma infantil, llevando un pie y luego el otro al mismo escalón cada vez, en lugar de bajar uno tras otro.

Desde el interior de su casa el perplejo doctor presencia la aparición de una extraña y brillante luz a la altura de la carretera de color azulado. Su extraña visita había desaparecido sin dejar rastro alguno y ningún coche había pasado en una dirección u otra.

Hopkins trata de procesar lo que le acaba de suceder. No se siente seguro, por lo que busca su pistola y la deja sobre la mesa de la cocina, ante la que se sienta a tratar de tranquilizarse. Pronto decide obedecer al hombre de negro y destruye todo el material que había desarrollado en su investigación.

Cuando su familia llega a casa y, después de que el doctor les hubiera puesto en antecedentes, deciden salir al camino que pasa por enfrente de la casa, linterna en mano, donde descubren unas extrañas marcas en el asfalto, demasiado grandes como para que un vehículo de tal tamaño hubiera podido llegar hasta allí teniendo en cuenta el tamaño de las vías de acceso a la zona. A la mañana siguiente, cuando vuelven a comprobarlo, las marcas ya han desaparecido.

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Pero las situaciones inusuales no acaban con el encuentro. Tras éste, el doctor comienza a recibir llamadas telefónicas en las que al descolgar, sólo encuentra ruido estático al otro lado de la línea y sobre las que la compañía telefónica afirma que no existe ningún problema.

Una visita singular que ilustra uno de los muchos encuentros con estas misteriosas figuras que manifiestan un absoluto interés en silenciar la transcendencia de este misterioso fenómeno.

Como es habitual, cada caso, además de aportar nueva información, deja más preguntas a su paso que respuestas si bien resulta innegable que las entrevistas que realizan estos ‘’silenciadores’’ provocan gran terror en testigos e investigadores que, consecuentemente, optan por obedecer y guardar silencio.

Las situaciones de las que tenemos registro son aquellas en las que las personas a las que se ha pretendido intimidar se han decantado temerariamente por no seguir las órdenes impuestas por estos sujetos cuando han conseguido armarse de valor para hablar al cabo de los años. Sin embargo no tenemos ninguna referencia acerca de lo que les haya podido suceder ni qué medidas se hayan podido tomar contra aquellos que hayan tenido la osadía de hacer transcender esta información. Tal vez nunca lo sepamos.

La verdadera historia de los hombres de negro

Hollywood siempre ha tendido a ofrecernos sugerentes historias basadas en hechos reales y en la ufología no es una excepción. Pero es la forma en la que se hacen las producciones lo que deslegitima el contenido original en el que están basadas. Muchos de ustedes conocerán a los hombres de negro por la famosa trilogía de Will Smith y Tommy Lee Jones. Comedias que hablaban de unos agentes que protegían y controlaban a curiosos y divertidos seres extraterrestres que estaban infiltrados en la sociedad.

Con el paso del tiempo ese término utilizado en la ufología para determinar un fenómeno real en el que diferentes seres de aspecto humano se presentaban ante testigos o investigadores del fenómeno con el objetivo de que abandonasen sus estudios o de que directamente se olvidasen de lo que habían visto, fue identificado por el público como algo de ficción. Ficción pastelera. Esto mismo ocurre con el fenómeno de los círculos de las cosechas y la película signs en el que el director se permite hasta el lujo de mezclar ese tema con el caso de Kelly Hopkinsville ocurrido en Kentucky en 1954. Todo en uno, señores. Todo vale.

Lo cierto es que el fenómeno a día de hoy sigue produciéndose. Extraños seres que parecen escoltar al presidente Obama y extraños visitantes de dormitorio con vestimentas negras. Pero hace más de sesenta años cuando el fenómeno de los platillos volantes estaba en pleno auge, su presencia era mucho más constante. Sino, que se lo pregunten al señor Albert K. Bender , organizador de la oficina internacional de los platillos volantes, quien en 1953 asegura haber tenido la visita de tres extraños personajes que le hablaban del contenido de un escrito que había mandado por correo a otro investigador.

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Albert K. Bender

Esa intercepción de correo según esos seres se realizó porque el contenido de los escritos de Bender  exponían un profundo conocimiento sobre el origen de los extraterrestres y la razón de sus visitas a nuestro planeta. Parecería como si desde los comienzos de la investigación ufológica, un poder sobre el poder, un sistema perfectamente organizado controlase todos y cada uno de los movimientos de todo aquel que se acercara minimamente al fenómeno. Ver para creer, pero esto es historia pura y dura.

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Esquema dibujado por Bender de esta entidad

Bruce Cathie es el protagonista de otro suceso en Nueva Zelanda. Fue abordado en el restaurante de un hotel por otro de estos extraños individuos que le preguntó sin parar por unas fotografías de unas antenas especiales desconocidas para el público. Se las pidió, y éste se negó. Acto seguido el ser le pidió una direccion y un nombre para localizarle, a lo que Cathie se negó de nuevo.

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Bruce Cathie

Tras esto aquel ser volvió al hall y nunca más fue visto, exponiendo algunos testigos que prácticamente se había desvanecido. En ese proceso se habría dejado en todo el hall un fuerte olor a descarga eléctrica.

Eduard Christiansen es el siguiente caso ocurrido el 9 de Enero de 1967 en su casa de Wildwood, New Jersey. Christiansen había sido testigo de un encuentro con un OVNI hacía unos días cerca de su casa. Al poco de ocurrir aquello, un hombre llamó a su puerta, presentándose como un funcionario de la oficina de localización de herederos. Medía dos metros, de hombros anchos, 150 kg. Vestía un largo abrigo negro de tela. Ojos saltones, como si padeciese de tiroides, ojos disléxicos, cada uno hacia un lado. Los de Christiansen rápidamente tuvieron muestras de una profunda alteración. Voz metálica, monótona y fría. Y un detalle espectacular: un cable de color verde que le salía de manera surreal del calcetín. El aspecto que según Christiansen tenía aquel ser no difería mucho de los seres biomecánicos vistos en algunas películas actuales de ciencia ficción. Su tez era blanca y pálida.

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Retrato robot de un hombre de negro real realizado por Liza Phoenix

Y un detalle interesante: las pastillas. Aquel ser, que derivó rápidamente su conversación hacia el tema OVNI, pidiéndole al principio e imponiéndole con una actitud más severa que olvidara todo lo referente al encuentro por su propia seguridad, le pidió un vaso de agua para tomarselo en un intervalo de tiempo no superior a los 10 minutos. Este detalle también ocurrió en congresos ufológicos españoles de los años 70 ante estupor de los presentes. Estos seres parecen mostrar un enrojecimiento de la piel sino se toman esas misteriosas pastillas amarillas. Un siniestro Cadillac Negro de 1953 y con las luces apagadas le esperaba a la salida del ser. Nuevo y como recién salido de fábrica. Yo todo porque aquel testigo había comentado a conocidos y familiares que había visto un OVNI.

Parece que la clave del enigma estriba en un control absoluto sobre toda la información que pudiese manejar la población con respecto a ese tema. El objetivo era siempre hacer callar a testigos y confiscar pruebas que podrían evidenciar existencia extraterrestre.

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Uno de los soldados de la mítica rueda de prensa en la que comenzó la falsedad oficial en torno al fenómeno OVNI.

 

Estos hombres de negro funcionarían como auténticos SILENCIADORES. Algunos de ellos fueron vistos entrevistando a testigos del caso Roswell en 1947.

Pero no estamos hablando de encuentros con personas normales. Los testigos aseguran tener tiempos perdidos en su presencia, experimentan comunicaciones telepáticas y oníricas. Todo ante seres inexpresivos que no paran de mirarles fijamente, que parecen seres humanos pero no tienen aliento de vida. Se mueven en ese inquietante valle de lo que parece real pero no lo es.

Entre sus muchas acciones también se encuentran supuestamente las simulaciones de accidentes y todo tipo de coacciones. Se muestran corteses pero amenazantes y casi siempre actúan ante personas que normalmente están solas, interesándose por archivos y documentos de todo tipo como en el caso de Nicola Tesla en los años cuarenta y en el del señor Alfrey en 1996 con documentos que pertenecían al propio Tesla.

¿Cómo saben lo que el testigo ha visto, tiene, o piensa?  La teoría del control total por parte de un poder que está por encima de todo lo entendible siempre ha sido una explicación plausible en los expertos en el tema. Máxime cuando la propia CIA o la KGB niegan rotundamente su existencia e incluso llegan a destinar partidas presupuestarias para intentar saber quiénes son esos seres que se presentan como funcionarios públicos, normalmente con acreditaciones e identidades completamente falsas.

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 El investigador Bill Moore

Según el experto Bill Moore, este tipo de seres pertenecerían a una unidad de investigaciones especiales de la Fuerza Aérea fundada en 1948ª raíz de otros dos casos similares a Roswell.  Una de las misiones de esta agencia es la de proteger la tecnología, los programas y al personal sobre una crisis global de “amenazas externas” relacionada con un posible conflicto con entidades hostiles ajenas a la tierra.

El caso del investigador Herbert Hopkins, ocurrido en Maine en 1976 es uno de los más detallados. El ser se presentó en su casa sugiriéndole un cambio radical en el enfoque de sus investigaciones. Calvo, sin cejas, ni pestañas, de piel pálida y un detalle interesante: los labios pintados, hizo desaparecer unas monedas y se despidió con la frase “Mi energía se está agotando, debo irme”. En esta misma época, varios investigadores afirmaron que fueron visitados por extraños hombres que también les sugerían cambiar los datos de sus investigaciones.

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Herbert Hopkins

Parecería que estos seres igualmente tendrían cierto dominio sobre la materia y la energía, a tenor de las declaraciones de Hopkins. A raíz de este encuentro, este investigador que trabajaba en un caso de teleportación abandonó todos sus estudios y grabó todas las cintas de sus investigaciones.

Por otro lado tenemos el caso de John Keel, famoso por su libro de “las profecías del Mothman”, que también dice haber sufrido la visita de estos extraños seres en la sombra que parecen controlar el desarrollo de la información de la sociedad contemporánea. Keel exponía otro detalle interesante: los seres parecían conocer datos de su personalidad y de su vida privada que eran muy íntimos, imposibles de saber por cualquier persona o cualquier gobierno por muy entrometido que fuera.

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John Keel

También como curiosidad en el famoso caso del videojuego  “Polybius” estrenado en algunas salas de EE.UU. en los años 80 y del que se dice que creaba comportamientos obsesivos y alucinaciones también se les vio observando a las “victimas” de lo que casi podríamos denominar un experimento social con un videojuego al alcance del público.

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La mítica recreativa Polybius

Pero las autoridades siempre se tomaron en serie la existencia de estos seres con apariencia de hombres. La existencia  de hechos extraños fue aceptada por las Fuerzas Aereas de los EEUU, que estaban al corriente de que personas que se hacian pasar por miembros de la USAF visitaban testigos de OVNIs. En febrero de 1967, el coronel George P. Freeman, portavoz del Pentágono para el proyecto Blue Book de la USAF, declaro al investigador John Keel en el transcurso de una entrevista lo sieguiente: «Hombres misteriosos con uniforme de las Fuerzas Aéreas, o luciendo credenciales de agencias gubernamentales, han venido silenciando a testigos de OVNIs. Hemos comprobado gran cantidad de casos, y ninguno de estos hombres está vinculado a las Fuerzas Aéreas. Hasta ahora no hemos sido capaces de descubrir nada acerca de esos hombres. Al hacerse pasar por oficiales de la Fuerza Aérea o por agentes del gobierno están cometiendo un delito federal. Estamos seguros de atrapar alguno. Por desgracia, el rastro esta ya demasiado frío cuando nos enteramos de algunos de estos casos, pero seguimos intentandolo».

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En 1976, Carmen Cuneo, una testigo canadiense, fue avisada por un misterioso visitante para que dejara de contar su experiencia y abandonara el caso, o de lo contrario sería visitada por otros tres Hombres de Negro.

«Le dije: ¿y esto que significa?

– Bien – respondió él – podría causarle molestias… quizás algunas heridas. El tono, leído así puede resultar hasta cómico, pero no cabe duda de que este tipo de experiencias siempre terminaban con coacciones o amenazas fundadas que hacían que gran parte de los testigos olvidaran o abandonaran sus estudios relacionados con el tema OVNI. Su efectividad en la coacción, o en la hipnosis realizada durante la misma podríamos decir que era bastante alta.

Un año antes, en 1975, Carlos De los Santos, testigo OVNI mexicano, fue detenido cuando se dirigia a una entrevista en televisión, no por una, sino por dos limusinas negras, y uno de los ocupantes, vestido de negro y de aspecto escandinavo, le dijo :»Cuidado chico, si aprecias tu vida y la de tu familia, no vuelvas a hablar de tu visión». Absurdo en nuestros días. Pero tenemos también que ser conscientes que el tema de los OVNIS en los años 70 era tratado con muchísimo más respeto por la sociedad y hasta la prensa publicaba diariamente testimonios y casos en todos los países del mundo. En aquel momento sí era peligroso hablar de ello. Hoy, gracias a la manipulación de los medios generalistas (y créanme, la hay y es tremendamente brutal), el fenómeno está desprestigiado y solo se interesa por él una minoría rebelde que no deja que nadie piense por ellos.

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Retrato de uno de estos misteriosos seres con aspecto de humanos.

Es interesante observar la teoría del experto David Tansle que sugiere que se trata de entidades psiquicas representativas de las fuerzas ocultas que tratarian de evitar la expansion del verdadero conocimiento. Ademas, casi siempre esto extraños sujetos, aparecen cuando el testigo esta solo. En el caso del Dr. Hopkins, por ejemplo, el visitante tuvo mucho cuidado en llamar cuando la esposa y los hijos estaban fuera, y comprobó ese extremo antes de presentarse. La conclusión debe ser que entre los Hombres de Negro y sus testigos se establece una comunicación distinta, algún lazo paranormal, que sea completamente interpersonal, sin interrupciones. Sus desapariciones de la escena son también todo un misterio, ya que esos cadillacs negros según muchos testigos aparecen prácticamente de la nada. ¿Donde están cuando no visitan a los testigos? ?¿Donde están guardados? ¿Nunca se los ve en choques o accidentes? ¿Es posible que se materialicen desde otro nivel existencial cuando son necesarios?

Por otro lado también están presentes en famosos casos de abducidos como el de Antonio Villas Boas en 1957, y también se les ha relacionado con el caso UMMO, del que se virtió información falsa para manipular el tema en años posteriores al verdadero suceso.

En algunos casos se expone que este tipo de seres son totalmente calvos y tienen una tez aceitunada. Otros aparecen en la casuística con pelo oscuro y lacio. También se les ha llegado a ver con identificaciones con emblemas extraños, y un tema interesante: símbolos irreconocibles pintados en sus coches.

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Retrato robot de uno de estos seres

Por otra parte no podemos dejar de exponer la presencia de estas misteriosas entidades relacionadas con la muerte de personas importantes de la historia. El propio Mozart sufrió y se obsesionó con la visita de un extraño personaje similar a los descritos en este artículo. Thomas Edward, más conocido en occidente como la persona que inspiró el personaje de Lawrence de Arabia tuvo un encuentro con otra de estas limusinas, en medio del desierto en el momento de su muerte. El secretario de las naciones unidas Dag Hammarskjold muerto en accidente de avión el 17 de Septiembre de 1961 también aseguró haber tenido este tipo de encuentros previo a su absurdo accidente. Hammarskjold era considerado un hombre profundamente tolerante y justo y en su mandato realizó una labor pacificadora en plena guerra fría, acción que pudo no ser muy del gusto de estas entidades, que parecen también querer guiar a la humanidad al sufrimiento y al dolor.

Ufopolis 2013