¿Qué les pasó a 4 chicas en Red Rock Canyon en 1972?

En este videoprograma vamos a ver el impresionante incidente ocurrido en el gran cañón del Colorado, que involucró a 4 chicas y que tiene características como las vistas en diferentes casos ovni, en diferentes casos de universos paralelos y en deslizamientos de tiempo, los llamados “time slips”.

Pero en este caso, una de las testigo se quedó tan impresionada ante lo que vio que no pudo expresarlo jamás con palabras. En el campo de la investigación de los fenómenos extraños en ocasiones se dan casos como este de difícil clasificación, y que han quedado para el olvido, pero desde aquí queremos recuperarlo para ver si existe algún tipo de relación con casos que siguen ocurriendo a día de hoy.

¿Sería posible que una inteligencia que mira al ser humano estuviese interesada en ponerla al límite al cambiarla de universo, de realidad y observar su realidad? ¿Es un fenómeno natural? ¿Dónde fueron esas chicas y por qué su testimonio fue corroborado por las autoridades de la localidad en donde ocurrieron estos hechos?

Espero que este programa sea de vuestro interés.

Link referencia: Link: http://www.ufoinfo.com/roundup/v05/rnd05_21.shtml

Los extraños incidentes de la carretera de Zafra

Hoy en ufopolis vamos a ver uno de los casos con más solera de la casuística ufológica española: el caso Zafra, lleno de profundos e intrigantes enigmas sin resolver. En este artículo vamos a tratar de saber qué le pasó a un sencillo hombre que protagonizó escenas propias de la ciencia ficción… y lo que le ocurrió a otros en el mismo lugar cuarenta años después…

Nos encontramos en Zafra, en la provincia de Extremadura, tierra de misterios y enigmas desde hace muchos años en España. Desde hace más de 50 años, los avistamientos de seres humanoides de estatura elevada y oscuros han estado en el folclore de la ciudad. Vamos a exponer algunos de los casos más llamativos y poder sacar algunas conclusiones al respecto.

Manuel Trejo – Noviembre 1968

Uno de los casos más conocidos de Zafra es la historia de Manuel Trejo. Vamos a situarnos un 14 de Noviembre de 1968, era de madrugada y Manuel, soldador de profesión, se disponía a viajar por una carretera que comunicaba la localidad de Zafra con Burguillos del Cerro. Su itinerario seguía con lo provisto, al llegar a Burguillos de Cerro, se dispuso a cargar sacos de carbón para llevárselo a Zafra.

Al volver a Zafra, una intensa tormenta se desató, obligando a Manuel a poner las luces largas y a viajar por esa carretera a baja velocidad. Poco después de su partida hacia Zafra, divisó a lo lejos a un individuo, las luces largas descubrían toda su figura y silueta, alargada y negra, sin cara y de una presencia muy aterradora, pero lo peor estaba aún por llegar.

Al aproximarse a aquel ser estático y penetrante, el coche empezó a fallar a medida que se acercaba. El coche finalmente perdido velocidad casi hasta pararse.

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Trayecto en el que se realizó el encuentro de Manuel

El ser, de una estatura aproximada al 1.80 metros, se encontraba totalmente recto, con las manos y los pies juntos. Con una manos finas y alargadas, junto a unos guantes negros, estaba envuelto en un traje ceñido, pegado al cuerpo y casi como de un submarinista se tratase. El traje deslumbraba con muchas tonalidades, dependiendo de la luz que incidiera en el traje, resplandecía con unos tonos u otros. Un dato muy curioso a tener en cuenta, ya que en otros muchos avistamientos, la aparición es translúcida o totalmente opaca. ¿Estaremos ante la posibilidad del avistamiento de un ser extraterrestre o de una aparición fantasmal?.

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Descripción del ser

El pelo era lacio, largo y negro, totalmente pegado a la espalda y no se podia apreciar la tez de su piel. El terror se apoderó de Manuel al llegar al humanoide, que, al llegar el coche a la posición del ser, este intentó acercarse, inmediatamente, el coche volvió a funcionar, acelerando Manuel a toda velocidad y salir de aquellos lares como alma que lleva el diablo. Pocos metros más adelante, este se bajó del coche para ver mejor al ser, misteriosamente se había esfumado y desaparecido.

Un dato curioso, es que algunos días después del encuentro, Manuel pudo divisar por la zona de Zafra, un objetivo volador no identificado con forma de «limón partido a la mitad» de unos 8 metros de diámetro. A simple vista, en el objeto se podian divisar unas toberas y vapor que salia del objeto.

Carlos Rivera y Evaristo Mancera – Abril 2012

Los hechos ocurrieron una noche de Abril en 2012, donde Carlos Rivera y su compañero Evaristo Mancera, conducían por la carretera N-432 de noche. Carlos es muy conocido en la zona por ser uno de los componentes del grupo musical Medina Azahara. En un momento del trayecto, a lo lejos, Carlos puede divisar una forma humanoide oscura, muy alargada y de complexión muy flaca. El coche seguía su rumbo acercándose a esta figura, aparentemente humana.

«…vi una especie de persona o algo parecido, no sé que era, pero nos quedamos mirándole fijamente hasta que estuvimos a menos de 1 metro de él…»

Al acercarse al humanoide, pudieron ver horrorizados la complexión y la forma de aquel ser. Carlos expuso en un testimonio posterior al encuentro, que pensó que el humanoide podría ser una persona que habría sufrido algún accidente de coche y se encontraba sola en la carretera con el fin de encontrar ayuda, pero al acercarse a la figura, pudo apreciar horrorizado que el ser tenia una mandíbula desproporcionada, vestía un traje de uniforme y su estatura era de 1.90 metros. Espantados ante esta silueta, aceleraron y se alejaron lo más rápido posible.

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 Representación ficticia del encuentro

 Reflexión

Aunque siempre nos estamos preguntando porqué se producen estos avistamientos, y más frecuentemente en carreteras solitarias y por la noche, nos intriga la posibilidad de que estemos ante uno de los casos más directos con el otro lado o el más allá. Frecuentemente, los casos de esta índole, se les otorga a fallecimientos por accidentes de automóvil.

  • ¿Estaremos ante una señal de la silueta del ser después de una muerte traumática y violenta?
  • ¿Cuál es el motivo o el fin al estar allí?
  • ¿Nos estarán protegiendo de posibles peligros?
  • ¿O simplemente es una radiografía de lo que nos deparará después de una muerte violenta?

Asombrosos encuentros con humanoides de aspecto mitológico

La vasta cantidad de caras con las que el fenómeno se presenta resulta absolutamente impactante y sorprendente. El número de diferentes diseños de naves y de diversos encuentros con espectaculares humanoides, de momentos y de comportamientos de los mismos, hacen de cada caso y de cada encuentro algo único e irrepetible. Cada uno denota un detalle, grande o pequeño, que lo infunde de personalidad y, aunque extraño, todo encuentro se vuelve también exclusivo y especial.

Sin embargo se reportan relatos de varios testigos que vivencian acercamientos con lo desconocido con características en común. La selección de avistamientos y encuentros que se detalla a continuación tiene un punto en común para todos los casos: los seres descritos en estos testimonios guardan gran similitud con la iconografía de seres mitológicos perteneciente a nuestra cultura. Seres concebibles únicamente en los relatos de ficción pero que ya fueron descritos hace siglos en los mitos de occidente.

Un ejemplo de la enunciación anterior es el caso de un pastor español estudiado por Vicente Ballester Olmos, que se resguardaba en su cabaña de una fuerte tormenta. Escuchaba voces fuera de la misma y, extrañado de poder oírlas en mitad de la tormenta, decidió abrir la puerta. Se encontró con un humanoide de pequeña estatura que se internó en la propiedad sin mediar palabra. Mientras lo hacía el extrañado pastor pudo observar como la parte inferior del cuerpo de su inesperado visitante no estaba formada por piernas, como cabría esperar, sino por extremidades que se asemejaban a las patas posteriores de una cabra. Aterrado, el pastor comenzó a gritar enloquecidamente provocando que la criatura con forma de sátiro saliese huyendo. El pastor echó a correr tras el enigmático ser y ya fuera, presenció como una esfera luminiscente partía volando por el cielo a gran velocidad.

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Pero este no es el único avistamiento documentado de un extraño ser cuya fisionomía se asemeja sorprendentemente a la de los mitológicos sátiros. Existe un reporte de un acontecimiento similar ocurrido en Málaga durante el verano de 2011 en el que un guarda de seguridad afirma haberse visto en una de sus rondas durante la noche frente a una criatura humanoide con patas de cabra que se desplazaba levitando.

Se han sucedido otros encuentros con seres de aspecto mitológico como por ejemplo el que sucedió en 1996 en Irlanda. Una pareja conducía por una pequeña carretera rural cuando, a algo de distancia delante de ellos, vieron una figura aparecerse en mitad de la vía, decidieron parar el coche y bajarse a mirar con mayor atención. Lo que tuvieron ante sus ojos fue un ser cuya mitad inferior parecía la de un caballo mientras que la superior se asemejaba a la de una persona, tenía ojos grandes y saltones. Afortunadamente, la criatura estuvo allí pocos minutos antes de marcharse desbloqueando el camino y permitiendo que la aterrorizada pareja pudiera salir huyendo a toda velocidad.

Encontramos otros dos casos de avistamientos de centauros acontecidos en Inglaterra. En uno de ellos el testigo relataba que mientras conducía durante la noche, vio una extraña figura en un lado de la carretera y, mientras se acercaba al punto donde se encontraba la extraña silueta, ésta hizo lo propio y se acercó a la carretera. Llegó el momento en el que el conductor se aproximó a ella y pudo ver perfectamente a un caballo con cabeza humana. El pánico no le dejó hacer otra cosa que apretar el acelerador a fondo para alejarse de aquella turbulenta imagen todo lo que pudo.

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El segundo evento inglés de este tipo le sucede a un guardia de seguridad nocturno que manifestó que una noche de guardia escuchó perfectamente el ruido de cascos de caballos. Esto le inquietó pues sabía perfectamente que no había caballos en la zona por lo que salió del edificio, linterna en mano, con ánimo de buscar la fuente de aquel sonido. Al girar una de las esquinas del edificio, se encontró frente a frente con un gran centauro tal y como son descritos en la mitología griega. El guardia hizo caso al impulso de echar a correr y no mirar atrás.

Contrariamente a lo que podría pensarse a priori los encuentros con seres del tipo centauro son bastante comunes y se han dado en diversas ocasiones. Otro de estos sucesos data de 2006 en el estado de Michigan donde una mujer de identidad anónima relató que mientras se encontraba conduciendo, en una señal de stop en el que se detuvo, presenció cómo, tras un banco de nieve en el lado de la carretera surgió un tremendo ser corriendo a gran velocidad y que se dirigía con determinación hacia donde ella se encontraba. La criatura era mitad humana y mitad animal, con el cuerpo totalmente blanco y patas de cabra. Al llegar al coche, trató de abrir la puerta del asiento del copiloto que afortunadamente estaba bloqueada pero esto permitió a la testigo apreciar la mano del extraño ser refiriendo que sus dedos y uñas eran extremadamente largos. Por supuesto, la aterrada conductora arrancó el coche y huyó del lugar esperando que aquella criatura no decidiera seguir el mismo camino.

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Otro caso se dio en una reserva apache a principios de la década de los 80. El testigo en esta ocasión fue un policía que se encontraba realizando una patrulla nocturna. Al llegar a la Iglesia de la localidad mientras conducía, se percató de una figura que se movía de una ventana a otra de aquel edificio observando como si buscara algo en su interior. El policía, realizando su trabajo, detuvo el coche para observar. No podía identificar la forma de aquella figura debido a la oscuridad hasta que ésta dándose cuenta de la presencia del observador decide salir de entre las sombras a la luz de la farola más cercana. Se presentó entonces un imponente ser de 2 metros y medio de estatura cuyo torso, cabeza y brazos eran humanos pero su mitad inferior tenía la forma de un caballo y un color oscuro. Aquella criatura se quedó mirando inquisitivamente al policía que pudo ver con total claridad dos cuernos a ambos lados de la cabeza del ser. La idea de desenfundar su pistola pasó por la mente del agente pero la desechó rápidamente ya que pensó que era más prudente no provocar un enfrentamiento con aquella entidad. Mientras se debatía en estos pensamientos, el centauro retomó su camino, terminó de cruzar la carretera y echó a correr hasta perderse entre los árboles.

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Casi rozando con lo absurdo, estos son sólo algunos de los casos que se han reportado, cuyos testigos se han atrevido a contar. ¿Cuántos otros existirán de los que nunca tengamos constancia? Encuentros con humanoides que parecen sacados de algún relato mitológico de la antigua Grecia y que podrían llevar a pensar que las descripciones que aparecen en este folklore no sean producto de la imaginación de algún autor sino que cabría la posibilidad de que estas figuras lleven presentándose ante la humanidad desde los tiempos más remotos. Así pues, la exposición de estos seres en los textos antiguos sería una manifestación de su existencia más allá de cualquier ficción.

¿Ovnis invisibles? El caso de Harry Turner

El estudio de este increíble fenómeno que no deja de intrigarnos y de sorprendernos, y que se manifiesta en incontables ocasiones ante nuestros ojos mostrándonos sus múltiples facetas nos deja siempre más preguntas que respuestas. ¿Qué pasaría si no pudiéramos ver algunas de estas manifestaciones? Haciendo patente su presencia ¿son posibles los encuentros con naves o tripulantes invisibles?

Esto es lo que parece indicar el caso que nos ocupa. Investigado por el MUFFON, Sucede en el estado de Virginia el 29 de Agosto de 1979. Harry Turner es un camionero que conduce desde la localidad de Winchester a Fredericksburg en una ruta de 130 km aproximadamente por una carretera extrañamente poco concurrida en un día lluvioso.

Cuando llega la hora de comer, se detiene en un pequeño local de carretera donde aplacar el hambre y este es su último recuerdo. De pronto, se encuentra a sí mismo en su lugar de destino sin absolutamente ninguna idea de cómo ha podido llegar hasta allí. Había llevado su carga hasta el almacén de Fredericksburg y no tiene recuerdos de ningún evento ni de tiempo transcurrido desde que decidió parar a comer. Es como si se hubiese teletransportado. Tiene la mente en blanco y abotargada, no está sereno sino profundamente desconcertado, sus pensamientos no fluyen con claridad.

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Su desconcierto se vuelve confusión cuando mira el cuentakilómetros y se percata de que para un trayecto de 130km, el contador sólo marca 27km. Un extraño indicador que desafía totalmente su comprensión de la realidad. La confusión torna en pánico cuando repara en su pistola. Debido a su trabajo el conductor tiene costumbre de realizar varios trayectos nocturnos y por seguridad siempre lleva una pistola cargada con él, en la cabina de su camión. Ahí está su pistola, descargada, se habían disparado las ocho balas que se almacenaban en el cargador sin ninguna pista de cómo o por qué. Su mente adormilada se llena de inquietantes preguntas para las que no halla respuesta.

Harry permanece sentado al volante de su camión, tratando de dar con una explicación a lo ocurrido, una respuesta sensata que dé sentido a lo que se le antoja inexplicable. Poco a poco, se tranquiliza y una serie de recuerdos de lo acontecido la noche anterior se abren paso en su cabeza.

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Pronto recuerda estar conduciendo sólo en la carretera y observar por el retrovisor una extraña luz descender del cielo, no puede identificar su naturaleza y ésta comienza a seguirle. Siendo cada vez más intensa, el desconcertado conductor observa como la luz blanca y densa, incrementa su luminosidad a medida que se acerca al camión. La radio comienza a emitir ruido estático y pasa de este sonido a un chirrido agudo y punzante, Harry pierde el control del volante y el camión parece detener su trayectoria y comenzar a flotar. La cabina se inunda de toda aquella penetrante luz. De pronto, Harry no sabe dónde se encuentra; abre la puerta del camión decidido a bajar pero algo que no puede ver le agarra del hombro izquierdo con una indescriptible fuerza. Tira de él con gran impulso y siente esa tremenda presión sobre su cuerpo tratando de evitar que baje de la cabina. Reaccionando ante el ataque, Harry coge su pistola y la descarga en dirección hacia donde percibe que se encuentra la vigorosa entidad que forcejea con él aunque no pueda verla. En ese momento, cesa la contienda y el conductor se encuentra a sí mismo con su camión de 18 ruedas en lo que parece el interior de una nave de tremendas proporciones. Aquí acaban sus recuerdos. Por más que lo intenta, no consigue recordar qué sucedió a continuación. Desde luego, no encuentra ninguna respuesta lógica que explique cómo ha llegado hasta allí.

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Harry vuelve a casa, sin poder sacarse de la cabeza lo poco que recuerda de lo ocurrido y los enormes interrogantes que esta situación plantea. Pero no se trata de una incidencia aislada y representaría el motivo de que esta persona nunca más volviese a ser la misma, dando un drástico giro a su vida del que pocos serían capaces de recuperarse.

Cinco días después, el 3 de Septiembre, Harry se prepara para dormir y está acostado en su cama, boca arriba, junto a su mujer. Mirando hacia el techo, súbitamente éste desaparece, dejando ver el cielo nocturno con sus estrellas. Sorprendido, el conductor se da cuenta de que puede ver a través del techo de su habitación. Se gira hacia donde se encuentra su mujer y la imagen que tiene delante le deja temblando. Ve a su mujer, concretamente ve el esqueleto de su mujer. Como si tuviera superpoderes que no es capaz de controlar, Harry puede ver a través de la piel de su esposa y entra en pánico, por unos momentos pierde la razón y se deja llevar por el terror.

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Completamente fuera de sí, salta de la cama, sale a la calle y se pone al volante de su coche. Su mente, inútilmente, está tratando de digerir lo que le está pasando. Está sobrecogido y completamente fuera de sí y conduce por las calles de su ciudad de manera temeraria lo que concluye en una persecución policial en carretera a través de varios condados hasta su arresto. No para de quejarse de escuchar molestos pitidos en su cabeza mientras es detenido por los agentes.

Mientras se encuentra bajo custodia policial, pasa con completa normalidad todos los exámenes físicos y mentales que se le realizan. Si bien, se reporta que se ha visto incrementada su sensibilidad a la luz y a los sonidos. Un tiempo más tarde, también refiere haber perdido control sobre la parte izquierda de su cuerpo sin ninguna causa médica identificable.

Cuando los investigadores se dirigen a la empresa para la que Harry trabaja para solicitar cualquier tipo de documento que pueda ser relevante para su investigación, se encuentran con la sorpresa de que todos los registros escritos han desaparecido. Lo mismo sucede cuando se disponen a dar con la documentación que refleja la carrera militar del pasado del abducido que había servido varios años en la marina. Todo se ha evaporado. Sin embargo, pueden constatar la veracidad del relato de la trayectoria profesional de Harry gracias a las pruebas que aportan familia y amigos para la investigación.

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El caso de Harry Turner resulta muy interesante no sólo por contar con varios de los elementos característicos y comunes a varios eventos de abducción, desde la pérdida de tiempo y de recuerdos clave, hasta la arquetípica visión de luces en el cielo, sino que contiene elementos singulares que reflejan extraordinarios cambios físicos en el sujeto que se manifiestan poco tiempo después del incidente. Asimismo, es inquietante el relato de la pelea con un ser invisible que abre la puerta a la posibilidad de que esto suceda con más frecuencia de la que pueda imaginarse, precisamente porque no se puede percibir si no es por la propia voluntad del fenómeno. Del mismo modo, parece que los testigos de avistamientos o víctimas de abducciones no suelen verse envueltos en un evento de este tipo de manera aislada sino que, o bien estos incidentes dejan secuelas como se expone en esta ocasión, o bien se realiza un seguimiento de la persona de su interés de manera que se repiten los sucesos a lo largo de su vida, ya que se antoja cada vez más evidente la posibilidad de que las personas que experimentan este fenómeno, no lo hacen de forma fortuita sino que son seleccionadas por el mismo. En cualquier caso, su vida nunca vuelve a ser la misma.

El curioso caso del alien que se tropezó en una abducción

Vicente Fuentes expone el caso Jordan Ontario, ocurrido en los años 70 en Canadá en donde aparece un misterioso hombre similar a los famosos hombres de negro y se produce una abducción extrema en medio de una carretera comarcal. Los integrantes del grupo musical no recordaron lo que pasó hasta años después por medio de una regresión hipnótica. Un incidente que se enmarca en lo más extraño del fenómeno ovni por las características del encuentro. Esperamos que el programa sea de su interés:

VIDEO:

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El precioso y olvidado caso del platillo volante del policia Mark Coltrane

Hoy en ufopolis viajamos a la década de los 70, tan prolífica en avistamientos como en interés por el mundillo ufo en general tanto en Europa como es Estados Unidos. Había una inusitada expectación entre buena parte de la población al respecto de las nuevas pruebas fotográficas que iban apareciendo aquí y allá en publicaciones especializadas y en la prensa escrita. Poco a poco se fue instaurando entre la gente que efectivamente algo estaba pasando pero nadie daba explicaciones oficiales y las extraoficiales apenas tenían un eco mayor que el ámbito local. Había fervor pero también cierto desapego y entre eso y la campaña de desprestigio que se llevó a cabo desde finales de los años 60 para intentar acabar con las incómodas preguntas por parte del gobierno de los Estados Unidos -y por ende, todos los de la OTAN-, nadie estaba a salvo de tener cierto reparo a contar sus experiencias.

Esto mismo es lo que le pasó al bueno del oficial de policía Mark Coltrane quien, el 19 de abril de 1978 se encontraba haciendo una patrulla en las proximidades de la localidad de Colfax, una ciudad de un millón de habitantes en Wisconsin. A mediodía decidió parar para comer en una área aislada cercana al pueblo. Lo traía preparado de casa y qué mejor que un sitio apartado y solitario para comer sin que nadie le molestara. Y dicho y hecho, se sacó sus típicas bolsitas de papel en donde su mujer le había dejado el almuerzo y su pequeña botella de agua. Todo bien, pero había algo que como suele pasar en este tipo de casos, no iba bien… la radio comenzó a hacer extraños ruidos. El coche estaba apagado pero la emisora de la policía estaba encendida. Aquellos sonidos no eran los habituales que aparecen en las interferencias. Fuera lo que fuera estaba interrumpiendo las comunicaciones de la policía, y lo que era peor, le estaba dejando totalmente aislado (no había teléfonos en esa época, claro).

Mientras que, atónito miraba la configuración de su radio a ver si estaba todo en perfecto funcionamiento, de repente levantó la vista y pudo ver un disco metálico cruzando el cielo a muy poca distancia de su posición. La visión debió ser prácticamente de ciencia ficción, sobre todo porque el objeto parecía abalanzarse literalmente sobre él. Coltrane no se asustó y se fue disparado hacia el maletero en donde tenía una cámara Polaroid, que funcionaba bien. Quizá eran las fotos más importantes de toda su vida, pensó. Enfocó al cielo y sacó varias tomas a diferentes calidades. El objeto estaba tan cerca de él que incluso en una de las fotografías se aprecian los detalles de su parte inferior.

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La primera foto sacada en aquella localidad de Colfax, es una de las más claras del fenómeno ovni.

La segunda fotografía muestra la huida del objeto, comenzando a desplazarse hacie el este. Un avistamiento absurdo casi dirigido a crear una toma para la posteridad. No cabría pensar otra cosa, habida cuenta de que no hubo ningún tipo de episodio de abducción, missing time o interacción con el entorno más allá de lo que pasó con la radio. Dejarse ver. Eso fue lo que pensó Coltrane. Pero ¿por qué él? No era hombre fantasías ni amante de la creatividad.

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La huida de aquel disco dejó impresionado al testigo, según su testimonio. Esta es la segunda foto en buena definición que ha conseguido recuperarse del incidente.

Aún pudo ver a aquel majestuoso disco durante unos minutos, lo suficiente como para ver cómo iba acelerando hasta perderse verticalmente hacia lo alto de los cielos. Coltrane se quedó temblando por aquello y se quedó obnubilado durante las dos horas siguientes. Eso sí es curioso, sin duda, un policía hecho y derecho totalmente impresionado por un suceso que no podía explicar. Dos horas sin pronunciar palabra, mirando al cielo.

Cuando llegó al cuartel estuvo temeroso de contar su experiencia por miedo de ser ridiculizado y entregó la cámara para que fuera la policía la que revelase las fotografías. En el set que ha sobrevivido al paso del tiempo, encontramos dos fotografías preciosas de un platillo volante junto con otra serie de tomas en blanco y negro que pertenecen a la misma cámara.

Esta es la suite y esta es la calidad con la que han sobrevivido las tomas:

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1. Toma general del platillo con la fecha marcada por la policía de Colfax.

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2. Fotografía similar a la mítica foto de los Mcminnville de 1950

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3. Observamos una sombra y una iluminación en el fuselaje exterior del disco además de una antena también iluminada que es tan grande que podría ser parte de una cúpula.

wisconsin197854. La toma en blanco y negro que hemos visto durante el reportaje y que es una de las más curiosas de la historia de la ufología. Destaca por dos pequeñas hendiduras en el borde externo.

¿Qué os ha parecido el caso? A día de hoy siguen ocurriendo este tipo de sucesos pero los objetos ya no son tan metálicos. Quizá tengan que ver con lo que decía Carl Gustav Jung sobre el inconsciente colectivo o con las tecnologías de posibles civilizaciones diferentes que pudiesen visitarnos. Sea como fuere, el caso del policía Coltrane es uno más de aquella década, pero es innegable que la definición de las dos tomas que se conservan en color es magnífica. A nosotros sin duda, nos encantaría poder algún día hacer unas fotografías tan fabulosas. ¿Habéis fotografiado ovnis alguna vez? ¿Cómo os quedaríais si lo vieseis tan cerca? Si os ha gustado este artículo, podéis ver el caso de los Macminnville de Oregón de 1950, mítico como él solo y también el platillo que se vio en la luna durante las misiones Apolo. Os dejamos también el programa que hicimos sobre el inconsciente colectivo y os esperamos en los comentarios.

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El vórtice espacio-tiempo del coche de los años 40

Hoy en ufopolis vamos a estudiar uno de esos casos de anomalías temporales que tanto nos gustan y que fue publicado por primera vez en la revista Strange Magazine en la primavera de 1988 por Jen Meaus. El protagonista de esta historia es un hombre que se hace llamar L.C. (correspondiente a sus iniciales reales) que experimentó una de los eventos más extraños que se recuerdan en la casuística de vórtices temporales. Si nos pasara a nosotros lo que le ocurrió a él, desde luego sería un momento único en nuestra vida. Vamos a conocer su fabuloso relato.

El bueno de L.C era un hombre de negocios de Southwest, Louisiana y acababa de salir de Abbeville junto a su socio comercial, un hombre llamado Charlie. Andaban discutiendo cosas sobre su trabajo mientras se dirigían con su coche por la carretera 167 cercana a la localidad de Lafayette. Era un día como cualquier otro, un 20 de octubre de 1969. La hora: la una y media de la tarde. Sol y buen tiempo, ventanillas bajadas y el aroma del césped de los campos aledaños en el ambiente. Nada extraño, todo normal, eso sí, ni un solo coche en todo el camino, algo bastante raro porque solía ser una carretera bastante transitada aunque fuese comarcal.

turtleCoche de los años 40 con la parte posterior con forma de tortuga, como se decía antaño.

L.C. iba comentando sus impresiones de un próximo trato con Charlie cuando de repente vieron a lo lejos un vehículo antiguo, muy antiguo que transitaba a paso de tortuga. Pensaron que se trataría de un coche de exposición, similares a los que se exponen en los museos y decidieron rebasarlo y aminorar la marcha para verlo bien. No te encuentras algo así todos los días. Aquel coche parecía estar nuevo, casi salido de la tienda y pensaron que acababa de ser restaurado. Pero algo no encajaba. La matrícula tenía una licencia original que no correspondía con las del año 69. Era muy anterior a aquella época y por tanto, y según las leyes de ese estado, tenía una identificación no apta para transitar. Había una cifra en aquella matrícula: 1940. Estaba reluciente, como recién salida de fábrica.

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El punto de la carretera 167 en donde ocurrió el incidente.

Bueno, pensaron, todos tranquilos, una exposición con las piezas originales. Pues qué bien. Vamos a verlo igualmente. El problema fue que cuando se pusieron a su misma altura observaron a una mujer con un vestido propio de 1940, con una niña en el asiento de atrás con el aspecto que tenían los críos hacía 30 años, en los años 40. Asombrados, observaron cómo además llevaban las ventanillas totalmente subidas. Iban además, demasiado abrigadas. No tenía sentido, pero lo que más les impactó de todo fue que la mujer se puso a gritar como si jamás hubiese visto un coche de ese tipo y unos hombres con tal aspecto. Su mueca de terror les produjo una sensación increíble de desasosiego. Estaba llorando aquella mujer del susto, mientras la cría miraba por la ventanilla con cara de espanto.

Nadie se cruzó con ellos durante todo el incidente, nada cambió aparentemente en el ambiente. Y L.C. y Charlie comenzaron a intentar comunicarse con la mujer para ver si necesitaba ayuda, habida cuenta de su soponcio y su impresión. Le intentaron hacer gestos de mil maneras para que se echara a la carretera en pleno ataque de pánico de aquella buena señora, que no oía bien, pero que no bajaba tampoco la ventanilla. Harto extraño todo hasta decir basta.

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El fenómeno incluyó a cuatro personas y dos coches de épocas distintas.

Finalmente la señora parece que entendió lo que le estaban diciendo y comenzó a echarse a un lado del arcén. L.C. y Charlie adelantaron el coche de época e hicieron lo propio. Detuvieron el vehículo y al mirar para atrás la mujer, la niña, el soponcio y el coche de época se habían esfumado. Literalmente.

Aquello era imposible y los dos protagonistas no salían de su asombro. No podía ser, pero acababa de ocurrir. Una desmaterialización extrema. Sin rastro de ellas en ningún camino. No había ningún sendero perpendicular a la calzada, era todo campo. Hubieran oído el sonido del motor. Aún en estado de shock, de repente apareció otro vehículo que iba detrás del coche de época y que había presenciado la escena a lo lejos sin que nadie se diera cuenta.

Aquel coche les adelanta, aparca y sale un hombre totalmente desbocado a toda velocidad hacia ellos pidiendo explicaciones sobre cómo se había desvanecido un coche de época delante de él. No habían sido los únicos. Ese otro testigo confirmaba lo que había pasado.

Medio locos, se bajaron del coche tanto L.C. como Charlie y deambularon por la zona junto al tercer conductor durante una hora. Habría que haberlos visto, casi con una interrogación sobre sus cabezas en plan cómic. Pensaron en llamar a la policía pero estaba claro que nadie podría ayudarles ante algo así. Era una desaparición absolutamente extrema. Se intercambiaron los teléfonos y siguieron en contacto durante años hablando de lo que había pasado en decenas de conversaciones, siempre confirmando punto por punto lo que uno y otro vieron desde diferente perspectiva.

Lo asombroso del caso viene del análisis del mismo. Podría haber sido un coche de época en una exposición, pero su mueca de terror, su asombro, lo raro de no bajar la ventanilla (como si para la mujer hiciera mucho frío y fuera una locura hacerlo), su vestimenta abrigada y de época y por supuesto, su desaparición súbita nos hacen pensar que quizá ambos coches hubieran coincidido en distintas épocas con un vórtice espacio-temporal en donde hubieran interaccionado. Quizá para la mujer, aquel modernísimo coche también desapareció delante suya. Eso sí, no se lo dijo a nadie, quizá por miedo a que la tomasen por loca. Pero L.C. y Charlie sí lo hicieron.

 

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Hay personas en el mundo que protagonizan incidentes dignos de la mítica retro-serie «El túnel del tiempo», -que por cierto recomendamos-.

¿Una anomalía en matrix? ¿Un vórtice espacio-temporal totalmente fuera de control? ¿Volvería aquella mujer a su tiempo o a un universo paralelo que no era realmente el suyo? Habida cuenta de que en la carretera no se registraron desapariciones de personas en los años 40, es posible que aquella mujer y aquella niña no saltaran a otro universo y volvieran al del origen. ¿Pero por qué ellas y por qué desaparecieron de repente, por qué la experiencia duró tan poco tiempo? Un caso curioso e intrigante como pocos que se enmarca en los incidentes de vórtices temporales que estudiamos en ufopolis desde hace algún tiempo y que nos encantan. Si os ha gustado este artículo podéis ver el especial que hicimos sobre túneles del tiempo descubiertos por los gobiernos, que es un tema apasionante.

¿Qué os ha parecido la historia y qué haríais vosotros si os pasara a día de hoy? Os esperamos en los comentarios y os dejamos con el vídeo que hicimos sobre los vórtices que se crean debido a la anomalía X entre el sol y la tierra.

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Dos increíbles casos de teletransporte en carretera

El tema de las teleportaciones y los viajes en el tiempo es fascinante y resulta increíble encontrarse testimonios de personas anónimas a las que les ocurre lo más insólito. En esta ocasión tenemos a una estudiante de la Universidad de Nueva Escocia, en Canadá con unas declaraciones que datan de 1991 y que dicen así:

«Decidí coger la línea express de autobuses a mi ciudad para ir a visitar a mis padres el fin de semana. Me senté en la parte trasera del autobus y no había nadie en los asientos de detrás, pero sí me fijé en que había una familia sentada detrás del conductor, justo en la parte izquierda del autobus que hablaban en voz muy alta, casi molesta. El viaje transcurría normal, sin incidentes hasta que comencé a llegar a la zona en donde vivían mis padres. Miré por la ventana y vi la fábrica de neumáticos «Michelín» mientras que subíamos una gran cuesta. Cuando el autobús llegó a la cima de esa cuesta, tuve una extraña sensación y por alguna razón comencé a imaginarme a varias personas en el autobús riéndose de mí. De repente, algo cambió en la realidad. No sé explicar cómo ni por qué, pero noté la realidad como diferente y de repente me di cuenta que estaba a una milla de donde debería estar, en la carretera, llegando a la ciudad de mis padres. Volví a ver la fábrica de neumáticos otra vez y volví a recorrer el mismo camino que acababa de hacer hacía unos minutos. La familia que se sentaba detrás del conductor ahora iba tranquila, sin hablar. Me acerqué al conductor para contarme lo que me había pasado y su respuesta me desconcertó aún más. Me dijo «es una distorsión del espacio y el tiempo. Estas cosas pasan».

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 En estos casos de viajes temporales no necesitamos el increíble Delorean de «Regreso al Futuro»

La segunda historia también es sugerente y está protagonizada por una testigo de Fallbrook, California. Dice así: «En otoño de 1994, mi novio y yo ibamos de camino a Fallbrook en coche. Hay dos carreteras para llegar allí, desde el norte y desde el sur. Aprovechamos para ir desde el sur pasando por Mission Road, que es una carretera de dos carriles que mide aproximadamente unas cuatro millas (alrededor de 6.5 km). Eran las 18:24 h de la tarde de un viernes y mientras conducía me di cuenta de que no pasaban coches por el carril contrario. Nadie, y eso que la carretera solía ser muy transitada, incluso los martes por la tarde a las diez de la noche te encuentras coches. Solos, extrañamente solos en la carretera».

«Sabía que eran las 18: 24 horas porque lo había visto en el display del equipo de música, y en ese preciso momento el coche se paró, los pedales se pusieron muy duros, las luces se apagaron y recuerdo sentirme confundida, muy confundida. Pensé que me había quedado sin gasolina pero era imposible porque acababa de echar gasolina en el coche. Con la inercia del vehículo me eché al andén de la carretera y Jim, mi novio, empezó a preguntarme que qué había pasado. No tenía respuesta en aquel momento pero sentí que me había desmayado. Esperé unos segundos y volví a poner en marcha el coche. En ese momento Jim me cambió el puesto para conducir él y yo me cambié de sitio. Sonó fuerte el motor y nos fuimos. Estaba irritada, un poco nerviosa porque sabía que algo extraño nos acababa de suceder. Entonces miré el reloj y eran las 18:36 horas. Habían pasado 12 minutos, algo imposible, porque toda la conversación con Jim y el cambio de puesto no nos llevó más de un minuto o minuto y medio. No sabemos donde estuvimos en esos 11 minutos. ¿Qué pasa con eso?»

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 ¿Qué tipo de anomalías ocurren en este tipo de incidentes?

En ufopolis solemos estudiar anomalías de este tipo pero nos fascina el hecho de que diferentes personas del mundo cuenten historias similares, manteniendo incluso la confidencialidad de sus datos. No hay explicación racional para sus vivencias más allá de lo que podrían ser locuras transitorias. Pero en los perfiles psicológicos de los casos así no suele haber ninguna patología mental anterior o posterior y los protagonistas suelen tener miedo de ser tachados como raros o locos, igual que en los casos ovni, que por cierto comparten con el segundo caso el hecho del apagado repentino del motor.

¿Existen vórtices que cambian la realidad y en donde podemos adentrarnos para luego volver a la realidad? ¿Qué hay al atravesar esos vórtices? ¿Tienen consecuencias para los seres humanos? ¿Por qué no nos pasa a todos? ¿Tienen alguna similitud genética las personas que protagonizan este tipo de incidentes?

Seguiremos estudiando estos casos como los de los túneles del tiempo descubiertos por los gobiernos que abordamos en este vídeo: