Ciclo gigantes mitológicos VI: Leyendas del continente americano

Los relatos y leyendas acerca de gigantes aparecen por todo el mundo sin importar las diferencias entre las culturas o la distancia entre los pueblos, distancia que en otros tiempos, resultaba insalvable y, sin embargo, estos pueblos de los que se supone no han tenido ningún contacto entre sí, reflejan en sus mitos narraciones muy similares. Un ejemplo de ellos son algunos relatos acerca de gigantes en América.

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Las guerras entre diferentes tribus humanas contra grupos de gigantes resultan sorprendentemente numerosas en los diferentes mitos por toda América

Una leyenda del México prehispánico habla de cómo los gigantes fueron creados por los dioses y del tiempo en el que convivían con los hombres hasta que algunos de estos gigantes comenzaron a hostigar y a abusar de la raza humana. Éstos últimos decidieron poner fin a tal situación de modo que urdieron un plan para acabar con sus enemigos: bajo un falso pretexto los invitaron a un banquete en el que aprovecharon para embriagarlos y, tras esto, obtuvieron la ventaja de que los gigantes, aunque más grandes y fuertes, vieron sus capacidades mermadas por el alcohol. Así pudieron darles muerte.

Para los antiguos mayas, los Bacabob eran 4 hermanos gigantes para los que los dioses dispusieron que, cada uno en un punto cardinal, sostuvieran el firmamento ya que temían que éste fuera a desplomarse sobre la Tierra. Un relato muy semejante al del titán griego Atlas, entre otros.

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El mito del gigante que sostiene el cielo está presente en todos los continentes

Y parece que en Norte América también batallaban con una raza de gigantes. Una de las leyendas de la tribu de los Shoshone cuenta cómo sus antepasados vivían aterrorizados por gigantes a los que llamaban Tsawhawbitts cuya naturaleza era beligerante y además, eran caníbales. También contaban con poderes sobrenaturales y tenían la capacidad de paralizar a sus presas humanas con un potente haz de luz que partía de sus ojos rojos y brillantes. Casi como Balor, el líder de los gigantes Fomorianos de la mitología irlandesa, que podía destruir a sus enemigos con una sola mirada.

Según la mitología Inca, el dios Viracocha tras crear el mundo, creó una raza de gigantes para su servicio pero que al no ser estos gigantes obedientes ni del agrado del dios, decidió exterminarlos enviando el correspondiente inca del diluvio universal: el Unu Pachacuti.

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En la mayoría de leyendas los gigantes no son del agrado de los dioses que acaban decantándose por eliminarlos

Y, según la mitología azteca, el mundo había estado habitado por gigantes durante el período del primer sol.

Al sur del continente, resultan muy interesantes los relatos acerca de la tribu de los gigantes patagónicos, de la que tenemos constancia gracias a los informes de los primeros exploradores europeos, entre ellos, el cronista de la expedición de Magallanes: Antonio Pigafretta que escribió lo siguiente:

‘’Un día, de repente, vimos a un hombre desnudo de estatura gigante en la orilla del puerto (…) Cuando el gigante estaba en la capitanía general y en nuestra presencia, se maravilló mucho, e hizo señales con un dedo levantado hacia arriba, en la creencia de que habíamos llegado desde el cielo. Era tan alto que llegábamos sólo hasta la cintura, y estaba bien proporcionado…’’

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Retrato de Antonio Pigafretta quién aseguró haber encontrado gigantes en una de sus expediciones

Para los mapuches, los gigantes eran unos seres monstruosos a los que dios había castigado por rebelarse contra él por lo que sufrieron el exterminio.

Las tribus de nativos de Delaware y los Sioux, también hablan de una raza de gigantes en sus tradiciones orales con la que estaban en conflicto y a la que acabaron exterminando. Estos gigantes vivían en construcciones de piedra que los contadores de estas historias aseguran que ya estaban ahí antes de la llegada de sus tribus al lugar. También se les tiene como a los responsables de la construcción de los monumentos megalíticos de la zona que acumulaban energía y servían como ventana al mundo espiritual. Se dice que fueron capaces de mover las enormes rocas utilizando el poder del viento. Los indios, llamaban a estos gigantes, a los que consideraban los mensajeros del gran espíritu: los Alligewi.

La tribu de los indios Moqui de Arizona, hablan a su vez, de un tiempo en el que lucharon contra gigantes que llegaron desde el Oeste y que se comían a los miembros de la tribu.

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No podemos hablar de gigantes en la mitología sin hablar de enfrentamientos bélicos

Al Norte de México, los indios Acolhuas contaban una leyenda acerca de un gigante constructor de pirámides. Y es que unos pocos miles de años tras la creación del mundo, éste estaba habitado por feroces gigantes que no dudaban en enfrentarse a dioses y hombres causando terror en el mundo. Hasta que los dioses determinaron acabar con ello, para lo que mandaron un gran diluvio.

El gigante Xelhua y sus 6 hermanos consiguieron sobrevivir al diluvio subiendo a la cima de una alta montaña y ocultándose en varias cavernas que allí se encontraban hasta que la tormenta finalizó.

Estos gigantes, eran especialmente refinados en las artesanías y la construcción por lo que comenzaron a poblar el mundo con una nueva raza de su propia creación a la que convirtieron en sus servidores.

Henchido de orgullo por haber sobrevivido al destino que los dioses habían dispuesto para su raza, Xelhua quiso edificar una estructura que guardara la memoria de lo acontecido y en la que poder tomar refugio si la situación se repitiera.

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¿Tendrían relación los gigantes además de con la construcción de monumentos megalíticos, con la construcción de pirámides?

De este modo, construyó una gran pirámide. Y lo hizo con sorprendente velocidad, pues contaba para ello, con miles de sirvientes y trabajadores. La pirámide llegó a ser tan alta que su cima se perdía entre las nubes.

Pero los dioses se propusieron destruir aquella desafiante edificación mandando una roca llameante que abrió el cielo y cayó sobre la pirámide acabando con ella y fulminando a los obreros y al orgulloso gigante constructor.

Desde aquel día, todas las diferentes tribus dejaron de hablar la misma lengua y ya no eran capaces de comprenderse entre unas y otras en una conclusión de sorprendente similitud con el relato de la Torre de Babel.

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En los relatos no sólo se menciona que la existencia de los gigantes fuera anterior a la de los seres humanos, sino que también convivieron con el hombre.

De nuevo guerra entre gigantes y dioses o gigantes y hombres. Estos gigantes, sin importar la procedencia del relato, aparentan ser unos seres salvajes e irascibles, en muchas ocasiones, caníbales. Y pagan la ferocidad de sus actos con el exterminio, bien por parte del hombre, bien por designio divino.

Resulta interesante ver cómo, en varias de las leyendas de gigantes alrededor del mundo, aparece la mención a un gran diluvio que arrasó con la vida en el planeta, destinado a acabar con ellos. En cualquier caso, estas historias concluyen siempre de la misma forma: los gigantes desaparecen.

Ciclo gigantes mitológicos III: Los titanes griegos

La figura de una raza de seres de sobredimensionado tamaño existente en la más remota antigüedad es común a una amplia diversidad de tradiciones. Uno de los ejemplos más conocidos de gigantes mitológicos se encuentra en la mitología griega: los titanes.

La palabra empleada para designar a estas criaturas, titán (Τιτάν) viene a designar una persona de tamaño gigantesco y, según los relatos, mucho antes de la existencia de la humanidad, otros seres poblaban el mundo, los más importantes fueron los titanes, que nacieron de la primera pareja que dio a luz a las diferentes criaturas primigenias de esta mitología: Urano y Gea.

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Los titanes fueron los primeros dioses según la mitología griega

La primera raza de dioses, que precedieron a los famosos dioses del Olimpo, fueron, durante mucho tiempo, los dueños del universo. Un total de 12 titanes y titánidas componían la primera generación y, al unirse entre ellos, dieron lugar a una segunda generación.

Su líder era Cronos, el más joven de sus hermanos, que le arrebató el poder a su progenitor. Para ello, fue ayudado por su madre Gea. Cronos castró a su padre con una hoz y consiguió liberar a sus hermanos de su prisión en el Tártaro, donde su padre les había retenido por temor de que se alzaran contra él.

La castración del predecesor es un elemento recurrente en este tipo de mitos en donde el nuevo regente legitima su recién adquirido poder mediante la mutilación de este órgano tan específico de su antecesor en una representación de la suma importancia de la virilidad para gobernar o, en el relato de un acontecimiento real que tuvo lugar y que se ha contado con diferentes nombres entre diferentes pueblos; así, para los hititas, Anu es castrado por Kumani después de haber sido derrotado, el vencedor le arranca su virilidad con sus propios dientes y la ingiere, en la mitología Irania Djemshid sería el derrotado y Azhdahäk quien llevaría a cabo la castración o Varuna para los indios. En el mito egipcio, Seth desmiembra el cuerpo de Osiris. Su mujer, Isis, recupera todas las partes del cuerpo de su difunto marido y las entierra a excepción del órgano reproductor para poder concebir a su hijo Horus quien más tarde castraría a Seth vengando a su padre.

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Los acontecimientos son cíclicos. Urano y Cronos temen ser destronados por sus hijos

En la historia de Cronos, éste, temía compartir el destino de su progenitor por lo que, para prevenir que sus hijos le derrocasen, se los tragaba vivos al nacer. Pero su mujer y hermana Rea consiguió salvar al más joven de sus hijos de acabar en las entrañas de su padre dándole astutamente a su esposo una roca envuelta en pañales en lugar del niño, de este modo, el joven Zeus fue enviado a Creta donde creció en secreto y pudo, ya siendo adulto, enfrentarse a su padre y hacerle vomitar a sus hermanos.

Con este acontecimiento dio comienzo la titanomaquia o guerra entre la nueva generación de dioses, liderados por Zeus, en el monte Olimpo y los titanes, sus antecesores, que ostentaban el poder desde el monte Otris.

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Zeus evitó ser devorado por Cronos gracias a la astucia de su madre

Estas guerras entre dioses o ciertos grupos de carácter divino por el gobierno del mundo también son comunes a varias culturas; aparecen ejemplos en las batallas nórdicas entre los Aesir y los Jotun o las luchas entre Marduk y Tiamat en los textos babilónicos y otras tradiciones semíticas. En la versión védica, los dioses derrotan a los asuras y a su líder Vritrá quien se traga vivo al dios Indra, al que sus compañeros rescatan obligando a su enemigo a vomitar.

Sería fácil pensar que todas estas similitudes se deben a una fuente común indoaria de los mitos pero existen historias muy parecidas al otro lado del Atlántico en las que un dios o varios dioses vencen a otros para hacerse con el poder. En algunos casos, es un monstruo gigantesco que les hostigaba y que actuaría como gigante primordial del que se crearía el mundo como hemos visto con anterioridad, un ejemplo sería el caso del monstruo Cipactli en la mitología azteca.

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Las guerras entre dioses y gigantes son muy comunes en la mitología

En la mayoría de ocasiones los dioses tienen un carácter beligerante y no dudan en hacer la guerra para colocarse en los puestos de poder. En la mitología griega, la guerra contra los titanes se libró durante 10 años hasta que vencieron los dioses olímpicos ayudados por otros seres de grandes proporciones: los hecatónquiros y los gigantes.

Se dispuso encerrar a los titanes en el Tártaro, el espacio más profundo del inframundo. Pero no todos los titanes sufrieron el cautiverio pues no se castigó a aquellos que habían permanecido neutrales durante el conflicto y para algunos se determinó un castigo especial; el titán Atlas sujeta la bóveda celeste por toda la eternidad ya que, debido a la cruenta batalla, ésta había quedado seriamente dañada y amenazaba con desplomarse sobre la tierra.

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Un caso especial es el del titán Prometeo al que Zeus decidió no castigar ya que cambió de bando durante la guerra uniéndose al de los dioses olímpicos pero que más tarde, sí recibió una castigo peculiar por otro motivo: favorecer a la humanidad. En el mito, este titán, que no mostraba temor hacia los dioses, engañó a Zeus de modo que, en el sacrificio de un buey, dividió las porciones del animal en dos partes; por un lado, ocultó la carne y las vísceras en el estómago de la bestia y por otro lado, cubrió los huesos con la grasa que, en tantos otros relatos resulta extremadamente apreciada por los dioses. Zeus, al ver la suculenta grasa, escogió esta parte de la ofrenda y, encolerizado al descubrir el engaño, determinó como castigo que la humanidad no pudiese disponer del fuego por lo cual Prometeo decidió robarlo y entregárselo a los hombres.

Por estos actos, el castigo del titán fue el de permanecer encadenado para que un águila devorase su hígado eternamente ya que el ave comía de día pero el hígado volvía a crecer durante la noche. Resulta interesante que, a día de hoy, sepamos que precisamente el hígado es el único órgano capaz de regenerarse.

Finalmente Prometeo no tuvo que enfrentarse a tal castigo eternamente pues, por fortuna, fue liberado por Heracles.

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Los castigos impuestos por Zeus eran muy imaginativos

No podríamos obviar el paralelismo de este mito con el de los Nefilim bíblicos que también eran gigantes que fueron castigados por favorecer a la humanidad.

Pero los titanes no eran los únicos gigantes presentes en la mitología griega ya que se mencionan varias razas de seres de desproporcionadas dimensiones.

Una de ellas era la de los hecatónquiros, al igual que los titanes, descendientes de Urano y Gea, tenían 100 brazos y 50 cabezas y fueron encerrados por su padre en el Tártaro, después, rescatados por Cronos para obtener su ayuda y poder derrocar a Urano. Cuando esto hubo sucedido, Cronos volvió a encerrarles en el mismo lugar y más tarde volvieron a ser rescatados, esta vez por Zeus, con la misma pretensión que su antecesor y le fueron de gran utilidad en la guerra ya que estos Hecatónquiros arrojaban rocas de 100 en 100 contra sus enemigos. Tras la rebelión, se convirtieron en los guardianes de las puertas del Tártaro, donde los titanes fueron encarcelados por Zeus.

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El Tártaro era una prisión en el más profundo abismo del inframundo griego

Otras de estas criaturas, fueron los gigantes propiamente dichos, que también serían hombres de gran tamaño con serpientes en lugar de piernas en la mayoría de las representaciones que fueron exterminados por los dioses debido a una gran insolencia cometida.

Se caracterizaban, además de por su gran tamaño, por su enorme fuerza. En una ocasión quisieron tratar de destronar a los dioses olímpicos para lo que apilaron varias montañas, unas sobre otras, con la intención de alcanzar el cielo pero fueron derrotados.

Por último, encontramos a los cíclopes, también de sobredimensionadas cualidades y con un solo ojo en mitad de la frente. De nuevo, hijos de Urano y Gea, eran extremadamente refinados en la forja fabricando los rayos de Zeus, el tridente capaz de provocar terremotos de Poseidón y el arco y las flechas de Artemisa entre otros objetos.

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Las referencias a cíclopes también aparecen en varias culturas

De entre las numerosas similitudes entre todos los mitos relacionados con los gigantes habría que destacar la mención constante a que la humanidad no ha sido la primera raza inteligente en habitar el mundo y las incesantes guerras entre los dioses por el dominio del planeta.

« ¡Tanto estruendo se produjo al chocar los dioses en combate! Al mismo tiempo. Los vientos expandían con estrépito la conmoción, el polvo, el trueno, el relámpago y el llameante rayo, armas del poderos Zeus, y llegaban el griterío y el clamor en medio de ambos. Un estrépito impresionante se levantó, de terrible contienda; y saltaba a la vista la violencia de las acciones. Declinó la batalla; pero antes, atacándose mutuamente, luchaban sin cesar a través de violentos combates’’.

Teogonía, Hesíodo