Microrrelatos de ciencia ficción: el anfiteatro

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microrrelatos anfiteatro

Hoy os traemos una nueva historia de misterio y ciencia ficción en un pequeño relato basado en una fotografía del infierno de Dante. El objetivo es que lo disfrutéis y si lo deseáis, creéis el vuestro con 100 palabras aproximadamente. El microrrelato debe empezar así: “El anfiteatro”

Esto es lo que os proponemos:

El anfiteatro rugía bestialmente ante la llegada de un nuevo secuestrado al gran laberinto de Minas Rongak, el favorito de todos los habitantes de aquel sistema solar controlado por los reptiles.

El laberinto no tenía techo y podía verse desde aquel gran anfiteatro con decenas de niveles en donde los lagartos gustaban de ver grandes monstruos enfrentándose a incautos hombres que trataban desesperadamente de salir de allí entre huesos, colores ocres y espejos perturbadores. La gran corte de embajadores llegó al palco justo cuando a mí me llevaron encadenado a la puerta de entrada.

Olía a polvo y azufre. Los reptiles embriagados de muerte, jaleaban mi llegada. La emperatriz se sentó en sus aposentos y la puerta se abrió. Era un inmenso y kilométrico laberinto pero yo tenía mi propio sistema para marcar los caminos …

– Y a partir de aquí, podéis seguir vosotros…

Agradeceros de antemano los relatos que confeccionéis a partir de la idea, continuando la historia propuesta o creando la vuestra. Gracias por vuestra colaboración.

Fotografía: http://static.comicvine.com/uploads/scale_small/1/15776/661687-hell3.jpg

Texto: Vicente Fuentes.

3 Comentarios

  1. Al posarme frente al espejo solo hay confusión.
    Soy una esclava, una magnifica mascota amaestrada por la aristocracia más repulsiva y cruel.
    Me hacen llamar Emperatriz, La Emperatriz Saturnalia.
    Pero eso solo es una falacia.
    Lo único que realmente quiero es salir de este nebuloso palacio que me sofoca.
    Hoy abre sus puertas el anfiteatro.
    Habrá sangre y desmembramientos.
    El retorcido placer de los dioses en su apogeo.
    Quisiera no saber nada sobre esa masacre, sin embargo…

  2. Marcar los caminos era mi habilidad, un don especial, según mi madre, una mutación que debía mantener en secreto, decía mi padre.
    Para mi ese laberinto infernal no era ningún problema, podía verlo en su totalidad extendiéndose delante de mi, como un plano de lineas tendidas a regla y compás sobre el papel. Su intrincado diseño, los diferentes niveles, las trampas y sus ingeniosos mecanismos se me mostraron como si yo mismo lo hubiese ideado. Ademas veía las energías de miedo y furia de seis enormes depredadores repartidos en las tres áreas del recorrido.
    Despojándome solo a medias de mis cadenas, cerraron las puertas tras de mi.

  3. Recogí las cadenas de suelo y me las enrollé en los antebrazos , entonces cuando los embajadores dragonianos se sentaron , vi a la emperatriz Saturniana, su piel del más delicado nácar, envuelta en hilo de oro, que resaltaba su cuerpo, su larga melena negra azabache flotando graciosamente a su alrededor gracias a la laca anti gravedad tan de moda en las colonias. Pero también vi su energía de esclava orgullosa y triste.
    Decidí hacer de ella mi estimulo para salir vencedor del laberinto, como si esos lagartos nauseabundos me fuesen a conceder un deseo…

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