Hoy en ufopolis vamos a ver dos curiosos incidentes relacionados con la curiosa forma de la calabaza, uno con un protagonista en forma de objeto y el otro con unos extraños visitantes en un incidente del tercer tipo. El primero ocurrió en la localidad de Ferreira de Alenquer, Portugal el 14 de Agosto de 1995 en donde tenemos una noche de calor agobiante y seco propio de las zonas rurales del interior del país luso. Aquí tenemos a un pastor de profesión llamado Jorge Lanoel Lota durmiendo plácidamente en la casa que tenía en la finca de esa localidad. Tenía abiertas las ventanas para mitigar el calor, con unas grandes mosquiteras para evitar la entrada de insectos intrusos en su cuarto, pero el intruso que le esperaba ahí fuera era bastante diferente…

Eran las dos de la mañana y Jorge Manoel por fin había podido conciliar el sueño tras dar varias vueltas en la cama cuando de pronto el sonido de los ladridos de sus perros le puso en alerta. Alguien ha entrado, algo ha pasado. Con estas, legañoso pero decidido, el señor Lota salió al patio de su viviendo y observó con espanto lo que ha sido comunmente conocido en la ufología portuguesa como la “calabaza voladora”. Curioso nombre sin duda. Estaba allí mismo, a un metro del suelo. Era amarillo, bastante grande, de unos ocho metros de diámetro y de su parte inferior salían haces de luz de colores azulados y rojizos que se movían por doquier en todas las direcciones. Estaba allí, en frente de él. Jorge Manoel se quedó boquiabierto sin saber qué hacer.

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Descripción del objeto

Su letargo pronto acabó cuando de repente vio que dos esferas de color azulado salían de aquel extraño artefacto que flotaba sobre sus terrenos. Eran pequeñas, “del tamaño de una pelota de fútbol” y parecían flotar con total autonomía en una época en donde los drones aún no habían sido desarrollados y mucho menos habían llegado al gran público. Aquellas esferas no se quedaban quietas. Querían algo, iban hacia algún sitio. Estaban buscando algo. Con horror, Manoel observó cómo los objetivos de aquellos increíbles objetos eran sus perros, a los que empezaron a perseguir con empeño llevándolos de un lado a otro. Los perros huían despavoridos en una persecución única en el fenómeno ovni. Durante varios minutos Manoel presenció la asombrosa escena sin poder hacer nada. No sabía si acercarse al ovni con forma de calabaza por si aquello se abalanzaba sobre él. No sabía si ayudar a sus perros por si aquellas esferas decidían que él iba a ser el nuevo objetivo. Con tensión esperó hasta que, de repente aquellas pequeñas bolas de luz se difuminaron y se apagaron lentamente hasta desaparecer. Demasiado inteligente como para ser rayos en bola o centellas. Demasiado tiempo de vida en un entorno seco y sin tormentas. Y además, ahí seguía el ovni delante de él, impertérrito con aquella forma tan extraña.

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Esferas azules similares fueron observadas en la Segunda Guerra Mundial

Los perros se tranquilizaron tras desaparecer las esferas pero huyeron a sus casetas a refugiarse allí. La paciencia de Manoel se había terminado, porque fuera lo que fuera no parecía para nada positivo. Se armó de valor y fue a por la escopeta que llevaba en su camión. La sacó y, acto seguido decidió mandarle un aviso al ovni en forma de disparo. Lo tenía claro. Si queréis estar aquí, vais a tener que véroslas conmigo. Pero al ir a apretar el gatillo, de pronto dos haces de luz salieron del artefacto e impactaron en su brazo, dejándolo inmovilizado. La escopeta cayó al suelo dejando a Manoel, asombrado y parcialmente paralizado. Como pudo, fue penosamente corriendo hacia el camión con el propósito de arrancarlo, pero podéis imaginaros qué ocurrió. El motor no arrancaba. Un intento tras otro y nada. Manoel estaba agobiado y a merced. Aún sentía calor en el brazo. Sudaba a chorros en aquella noche tremenda de calor y sucesos forteanos.

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En el incidente de Los Angeles de 1941 encontramos una casuística similar

Allí se quedó mirando unos minutos hasta que poco a poco el objeto fue elevándose hacia el cielo, ganando altura y perdiéndose definitivamente hacia la atmósfera.  Cariacontecido, el señor Lota se fue a dormir, aún con el miedo en el cuerpo y dos días después descubrió unas pequeñas manchas en su brazo y lo que le pareció más raro de todo: en su vientre. No entendía porqué en su vientre. Con el paso del tiempo aquellas extrañas marcas cicatrizaron y fueron desapareciendo. No se conocen más efectos fisiológicos en este testigo además de las consecuencias psicológicas.

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Foto de otros de los vuelo de esferas de luz sobre aviones de la II Guerra Mundial similares a este caso

Quizá una de las preguntas frecuentes que tenemos al leer este tipo de sucesos es si sólo fue el testigo el que lo vio. En este caso, tenemos en un radio de 10 kilómetros al menos a otros siete testigos que presenciaron las evoluciones de extraño y siniestro objeto. Otro de los testigos llegó a comentar a la policía portuguesa que había visto un resplandor amarillo sobre el techo de su casa, pero le dio tanto miedo que no se atrevió a llamar a nadie ni a salir. La seguridad de tu propia cama contra el fenómeno ovni. Podría pasarnos a todos. Otro testigo de nombre Jose Francisco Martins aseguró que esa misma noche del 14 de Agosto de 1995 también observó a esa misma luz deambulando sobre unos olivos próximos a su finca. Su posición fue mucho más lejana que la de Jorge Manoel Lota. No hubo más interacción. “No era mayor que un coche y no hacía ruido. Lo vi durante un cuarto de hora. Hubo un momento en que intenté acercarme, pero sentí miedo y me volví para casa”, comentó el testigo.

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El ovni con forma de campana o calabaza recuerda al del famoso caso JAL-1628

La casuística ovni tiene cientos de casos fascinantes y sorprendentes de las más variadas formas. Desde criaturas humanoides hasta ovnis de imposibles formas. La interacción del testigo y el poso que siempre deja el fenómeno en todo aquel que lo ve suele, eso sí, ser siempre resistente al paso de los años. ¿Qué os ha parecido el caso? A nosotros nos ha recordado al caso Michalak al respecto de la parálisis y las marcas en el testigo y desde luego, el ovni, salvando las distancias del tamaño, nos parece similar al del famoso caso del vuelo 1628 sobre Alaska de 1986. Aquí os dejamos el programa que hicimos sobre este último caso y lanzamos la pregunta: ¿Por qué el fenómeno adquiere tan variadas formas? ¿Son innumerables las civilizaciones que nos visitan o es el mismo fenómeno con distintos trajes? ¿Qué demonios estaría haciendo allí? Os esperamos en los comentarios.

Caso 1628

Fuente: elespecial.com, ufocasebook

Fotografía de portada: Carlos Diaz

Ufopolis.com 2015.

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